sábado, 1 de noviembre de 2025

 

 Zombi II

El zombi era apenas una sombra de lo que fuera unos meses atrás. Atrapado a poco de la transformación, toda la furia y energía que exultaba en esos momentos, se hallaban reducidas a un mínimo vital, que parecía querer ahorrar a toda costa. Los movimientos eran casi inexistentes y respiraba de manera trabajosa. La puerta de la jaula que lo albergara durante todo ese tiempo, permanecía abierta y el personal a cargo de su observación y estudios, entraba y salía sin mayores cuidados..

Trasladado directamente de la trampa al encierro, fue objeto de toda clase de test y las conclusiones obtenidas fueron determinantes. Lo racional, junto a la intención de emitir palabras, estaban anulados; el aparato óptico sufría distorsiones y por ende, la visión era muy defectuosa. Mención aparte merecían el olfato y la audición, altamente agudizados y fundamentales para detectar presas y evitar la confusión con un camarada. Un presagio sospechado desde hacía un tiempo, estaba confirmado. Preferían la muerte por inanición antes que alimentarse de sus congéneres. Los distintos pedazos, arrojados en una y otra circunstancia al habitáculo, permanecían intactos e incluso, en la misma posición y lugar donde terminaron su recorrido ¿A qué se debía esa tenaz obstinación? ¿Era un problema de tolerancia digestiva o había algo más?

La respuesta emergió a la luz cuando el desfalleciente harapo humano, tragó de manera forzada, un infame mejunje a base de fragmentos de muertos vivos. La víctima cayó fulminada minutos después. La rápida autopsia descartó todo tipo de intoxicación y en cambio, confirmó a la reinfestación, como causante del deceso. Faltaba identificar el agente causal pero era un hallazgo certero para tratar el exterminio de la plaga infame.

La noticia corrió como reguero de pólvora entre los distintos asentamientos y la caza de apestados se convirtió en prioritaria. Una vez en cautiverio, eran estrujados como cítricos y la nauseabunda mezcla de fluidos obtenida, pasaba directo al llenado de dardos. El impacto de uno era suficiente para provocar el deceso. Cuanto más cercano al tórax, mayor velocidad para obtener el preciado objetivo. No obstante, la muerte de un par de infortunados victimarios, delató el primer gran tropiezo de la nueva estrategia. A temperatura ambiente, el líquido se hacía inservible en cuestión de minutos. Los cadavéricos, como se los llamaba despectivamente en la jerga del día a día, tenían un metabolismo bastante frenético y con ello, generaban una elevada cantidad de calor. Hubo que diseñar contenedores de proyectiles capaces de garantizar el abrigo adecuado y de esa manera, impedir la inutilización del contenido..

Investigadores desperdigados aquí y allá, eran asaltados de manera recurrente, por la necesidad de avanzar en la raíz de la infección. Su descubrimiento permitiría, tal vez, alcanzar incluso, la reversión del problema ¿Se trataba de un virus conocido y mutado o era algo nuevo? ¿Sería una molécula neuronal enloquecida, capaz de transformar en aberraciones, a otras completamente funcionales? ¿Quizás una bacteria u otro agente, actuando como portador de un material genético reconfigurado? etc, etc..

Lo radical en esta agresión, era la prodigiosa velocidad de avance. El daño se extendía tan rápido, que anulaba casi cualquier intento de bloqueo. Algo tan extremo como la inmediata amputación de la zona de ingreso, había resultado inútil, en más de una oportunidad..

Estaba a cargo de uno de los pocos laboratorios de investigación completamente equipado y en funcionamiento, que quedaba en pie. Con un sector destinado a proyectos afines al interés militar, la tecnología instalada era de vanguardia. El individuo era un genio y a la par, terriblemente egocéntrico. Sin nadie a quien responder, prefería el trabajo mayormente en solitario y no compartir conclusiones ni logros. Poco a poco, el entramado bioquímico que concluía en la radical transformación de una persona, se fue develando. Una compleja secuencia de reacciones, naturalmente improbables, se ponía en marcha en aquellos que recibían un ataque. La mordida ocasionaba el ingreso de ciertas proteínas, capaces de impulsar a la cascada reactiva, de un modo exponencial. Identificado de manera fehaciente el fundamento, comenzó a trabajar en cómo detenerlo..

El resultado de tan ardua tarea, terminó siendo un comprimido que a simple vista, no difería del resto. El secreto de su unicidad estaba en la ingeniería empleada en la elaboración. Técnicamente, se asemejaba a una especie de cebolla, donde las diferentes túnicas o capas que lo integraban, podían desenvolverse como amortiguadores o inhibidores de cada uno de los pasos biológicos que finalizaban en la despiadada alteración..

Había que pasar de la etapa experimental en animales a humanos. Conseguir a una persona que en su sano juicio, aceptara someterse a semejante evaluación, era literalmente imposible. Disparó el dardo cargado con las toxinas, contra el ayudante que se ubicaba a pocos pasos de distancia y concentrado en lo suyo. Con las primeras manifestaciones del cambio visibles, disparó un segundo proyectil, esta vez inoculado con la medicina en solución. Esperó por el resultado con una pistola de grueso calibre en mano y apuntando directamente a la cabeza del involuntario conejillo. Minutos después, el desgraciado era una suerte de fuertes espasmos que lo mantenían tumbado, pero con claras remisiones de los síntomas y signos propios de la metamorfosis. El éxito, durante las primeras fases, parecía asegurado..

La inquietud no lo dejaba en paz ¿Podría el logro médico obtenido, funcionar como una vacuna? De ser así, la gloria alcanzada se elevaría hasta el pedestal más alto. El ego no le permitió, esta vez, probar en alguien que no sea el mismo. Iba por la corona del campeón o algo que jamás consideraba, la ruina absoluta..

Ingirió la cápsula con cierta parsimonia y se dispuso a aguardar por alguna novedad. Registraría lo palpable e incluso, las sensaciones. Si todo transitaba sin grandilocuencia, se inyectaría el cóctel fatídico. Esto último, no pudo ser..

Dolores desgarradores, producto de crujidos y distensiones internas, confirmaban el inicio de la traumática y novedosa involución..





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