viernes, 25 de octubre de 2024

 

Partisano

Primer contacto

El tiempo de recuperación de las heridas y la intensidad de las secuelas fueron mayores a lo esperable. La pérdida casi total de la audición en el lado derecho y dolores que lo acompañarían el resto de la existencia integraban el catálogo. Las curaciones, al igual que la calidad del material empleado para hacerlo, no siempre fueron las óptimas y esto desencadenó dos procesos infecciosos. El segundo, en especial, lo llevó a debatirse entre la vida y la muerte. 

El conflicto continuó con su derrotero y de alguna manera, la zona donde actualmente se encontraba, dejó de sufrir el asedio del enemigo. Pier, tras dos intentos fallidos de solicitar la incorporación a las fuerzas, decidió, no obstante, permanecer en el lugar. Lo impulsaba el deseo de poder ser útil a la causa y estaba dispuesto a colaborar en todo lo que estuviera a su alcance. Participó como camillero, en el armado de raciones o cavando tumbas para los fallecidos que llegaban del frente. Sus habilidades manuales en general y en lo relacionado con el manejo de la madera en particular, le permitieron asegurarse un salario mínimo que le garantizaba poder dormir bajo techo y la mayor parte de los alimentos que  diariamente requería. La rapiña estaba exacerbada, producto de las necesidades insatisfechas de todo tipo y la marcada escasez de mercancías, habitual para esos tiempos. Los productos de limpieza y de higiene personal figuraban entre los considerados como artículos de lujo. El trueque, la elaboración artesanal, el mercado negro y el fraude, eran algo cotidiano. La inflación y la transmisión de ciertas enfermedades comenzaban a disputarse el liderazgo por alcanzar la mayor velocidad al alza. 

La idea de realizar acciones de resistencia y ataque entre los civiles nunca se extinguió pero la falta de aquellos con la suficiente determinación y conocimientos para llevarlas adelante, daba a entender que era así. La presencia de Pier no pasaba desapercibida para un grupo de cuatro individuos con hábitos poco ortodoxos. Tenían atuendos similares, portaban armas con discreción, desaparecían de manera temporal y cuando reaparecían, terminaban reunidos con los oficiales de turno en más de una oportunidad. 

El carpintero no era gustoso de beber grandes cantidades de bebidas alcohólicas. En su lugar, prefería saborear un buen vaso de vino o una medida de coñac cuando la situación lo permitía. La llegada de un lote de este último a uno de los bares, lo decidió a invertir las escasas monedas que había podido ahorrar en el último tiempo. A la salida del local, fue interceptado por uno de los integrantes de la poco convencional asociación. Identificado como Louis, le terminó entregando un papel donde aparecía un boceto acompañado de un breve relato y una tabla con medidas. Consultó a Pier si le era posible construir algo así. El artesano tomó la hoja y luego de examinarla en silencio, dio su parecer. 

- "Podría, pero es imposible con las pocas herramientas que actualmente poseo.", se lamentó. 

- "Ese no sería un problema. Tenemos acceso a toda la maquinaria y el material necesario. ¿Una semana sería suficiente? Estamos limitados con el tiempo y manipularla requiere del uso coordinado de dos o cuatro personas, según el peso que se pretenda mover. Hay que practicar y bastante, para lograrlo de un modo eficiente.", se explayó el interesado. 

- "Hay que arrancar de cero con el diseño y veo que faltan medidas. Con alguna colaboración, probablemente ese tiempo alcance, pero no puedo asegurarlo.", señaló dubitativo el carpintero. 

- "Cuente con ella. Quién tuvo la idea, estará deseoso de participar en su construcción. ", asintió con beneplácito Louis. 

Acordado el precio y el lugar de realización de las tareas, intercambiaron las últimas palabras. 

- "Se trata de un dispositivo destinado a mover grandes objetos de manera manual, ¿verdad?" 

- "Así es. Actúa como una especie de pinza. Con cierto movimiento se abre y con otro, permanece cerrado y sosteniendo lo apresado.", respondió el interlocutor y completando la idea. 

Tras un apretón de manos, cada cual inició su camino. Pier, sorprendido por todo lo protagonizado, se perdió lentamente calle abajo. Ignoraba todavía, las puertas que terminaba de abrir y que marcarían de manera definitiva, su existencia hasta el propio final.

 

 

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