viernes, 1 de noviembre de 2024

 

Partisano

Fifí la pince

La tarea se terminó desarrollando en una añosa construcción, ubicada detrás de un gigantesco galpón que oficiaba de depósito. La custodia del predio estaba a cargo del ejército y eso no era un detalle menor. A pesar de la imperante escasez de casi cualquier tipo de insumo, todo lo que se requería para esta empresa, estaba disponible en tiempo y forma. 

Pier y su acompañante, de nombre Antoine, trabajaban de sol a sol y al finalizar el segundo día, la estética del artefacto había sido lograda, pero no así su funcionalidad. Recién en la quinta jornada se iniciaron los testeos del movimiento, con resultados bastante lamentables. La rigidez en ciertas posiciones del recorrido seguía presente y un par de roturas, intentando forzar el mecanismo, eran indicadores de las partes que oficiaban de fusibles y dónde era menester seguir trabajando. 

Pasada la media mañana del sexto día, se develó en Pier, la inquietud sobre el para qué del diseño. Con él, se pretendía mover barriles de lubricante o combustible. Las pruebas con los mismos, fueron llevadas a cabo por Louis, Antoine y los otros dos integrantes del grupo, cuya identidad el carpintero, aún ignoraba. Comenzaron con el recipiente vacío y una vez logrado el calce deseado y una cierta habilidad en su manejo, se procedió al llenado gradual del mismo. Hacia el anochecer y con los refuerzos de aquellos sitios donde el estrés para el aparato era mayor, Fifí la pince, como la apodaron cariñosamente, estuvo lista para el debut en el terreno. 

Tras una jornada maratónica, un muy cansado y hambriento artesano, intentó retirarse. Louis se dirigió a la puerta y se quedó de pie y en silencio frente a ella. 

– “¡No entiendo qué ocurre!” expresó Pier, con evidencias de estar alerta y sorprendido a la vez. 

– “Integramos la resistencia nacional. Somos parte del grupo que opera en la región. Te hemos estado evaluando desde hace un tiempo y pensamos que podrías ser un miembro más; uno de gran utilidad ¿Contamos contigo?”, manifestó con voz autoritaria uno de los desconocidos, posteriormente identificado como Jean. 

– “¡Sí!” señaló Pier. El modo exultante y sin titubeos del carpintero sorprendió a todos los presentes. 

A partir de esa noche, su alimentación, entre otros, pasó a ser un poco más decente. Pudo, incluso, acompañar el par de platos con un vaso de vino de discreta calidad. La última ingesta de dos copas de bebida alcohólica en el lapso de una semana, era algo bastante distante en el tiempo. A la mañana siguiente, se produjo su primera reunión formativa e informativa a la vez. En un determinado momento, tuvo real conciencia de todo lo que acontecía a su alrededor, desapercibido para un ojo no entrenado. Tareas de vigilancia y espionaje, circulación oculta de información, interacciones con las fuerzas armadas, etc., le fueron revelados. Quedó en claro desde un comienzo que una buena parte del interés en su participación, refería a su estado de individuo único, sin familiares que pudieran lamentar su pérdida. Y que, además, sería ejecutado sin rodeos y por sus propios compañeros, si se confirmaba alguna responsabilidad suya en la divulgación de información sensible. Ciertas muertes, disimuladas como meros ajustes de cuentas, eran una clara evidencia. 

- “Combustible adulterado”, expresó el novel partisano a sus camaradas, mientras diagramaban en conjunto, las acciones para la nueva tarea. Los presentes, incluido el representante militar, retiraron su vista del enorme mapa del territorio desplegado y permaneciendo en silencio, contemplando a Pier y en espera por la continuación del disruptivo comentario.



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