jueves, 21 de mayo de 2026

 


  

 

  

Versión libre de sucesos reales, acontecidos durante las acciones militares llevadas a cabo por la USAF, en territorio iraní.

El tiempo parece encontrarse detenido. Los rasgos de la personalidad requerida y las prolongadas sesiones de entrenamiento, impiden caer en la angustia. El vuelo nocturno, necesario para sumar protección, incrementa la seudoquietud imperante. Las imágenes que se actualizan casi constantemente en las pantallas y las luces que se encienden y apagan de manera regular en los múltiples tableros ayudan, un poco, a romper la monotonía. Como un ingrediente extra, la cabina de la aeronave, aun siendo de última generación, no está diseñada para aportar un gran confort a la tripulación. Dispone de lo indispensable para garantizar el mínimo requerido, en una misión de largo aliento. Todo está configurado, en realidad, para permanecer en el aire la máxima cantidad de tiempo, transportar la mayor carga posible de armamento y terminarlo arrojando con absoluta precisión.

- “¿Cuánto falta para el reabastecimiento?

- “Unos diez minutos.”

- “Aprovecho para ir al baño.Tienes el control.”

- “¡Ok!” Todo transcurre sin novedades, incluidas las condiciones climáticas.

- Gracias. No puedo negar la inquietud que me provoca el aprovisionamiento de combustible. Los ensayos preparan pero la realidad…

- Así es. El margen para el error es bastante estrecho ¡Avión cisterna a la vista!”

- “Vuelvo de inmediato.

Concluido el suministro, vuelve la rutina. Las unidades restantes que conforman el multimillonario escuadrón, se encuentran transitando el mismo procedimiento. Las comunicaciones externas están reducidas al mínimo y se realizan con un nivel de encriptado de múltiples capas de seguridad. El ingreso al espacio aéreo enemigo es inminente.

Hace varios minutos que se transita sobre el territorio del oponente. El bombardero cuenta con una multiplicidad de tecnologías que reducen su presencia a niveles prácticamente indetectables. Las líneas del diseño, el fuselaje con un mínimo de bordes agudos, impulsores desplazados hacia posiciones estratégicas y una cobertura con materiales que absorben las emisiones de radar, integran el paquete. Días previos a su intervención e incluso durante la misma, se han realizado labores destinadas a elevar el nivel de seguridad de la misión. Infiltración y sabotaje a los sistemas de rastreo, destrucción de lanzaderas de misiles fijas, de aeronaves de combate estacionadas en tierra y de las pistas de despegue, inundar el espectro de ondas con toda clase de interferencias, son algunas de ellas pero nada es absoluto. Queda pendiente un objetivo peligroso, las lanzaderas móviles. Rastreadas y detectadas por IA o mediante simple avistaje, se intenta erradicarlas en el mismo momento.

Los pájaros oscuros se desplazan a gran altitud y cuando el terreno marcado como blanco es sobrevolado, las pesadas bombas son liberadas con una cadencia perfectamente diagramada. Algunas compartirán el mismo recorrido, desplazándose en un ajustado tándem. Concluida la labor, da comienzo el prolongado retorno a casa.

La gravedad hace lo suyo. Los inmensos proyectiles parecen no cesar de adquirir velocidad y con una máxima aceleración, alcanzan el suelo. Ingresan a través del mismo y ganan profundidad hasta toparse con las gruesas paredes de hormigón reforzado de las construcciones subterráneas. Comienzan las brutales detonaciones secuenciadas y el efecto es devastador. La presión generada se comporta como un colosal ariete que se lleva todo por delante. Derrumbes, incendios y nuevos estallidos, sellan la suerte de las infraestructuras y de todo lo almacenado. En la superficie, las evidencias de blanco alcanzado son detectadas mediante escaneo satelital y traducidas luego, a precisas imágenes de alta definición.

Horas más tarde, mientras el primer mandatario confirma al mundo los hechos, una tras otra, las gigantescas flechas voladoras transitan el anhelado aterrizaje victorioso. No se ha perdido ninguna. Señuelos y activos, empiezan a recibir el costoso mantenimiento exigido. La guerra continúa su derrotero.

 

 

 

sábado, 9 de mayo de 2026

 

 




 

 

La unidad autónoma, comandada por IA, se desplaza con sigilo al amparo de la noche. Sabe hacia dónde debe dirigirse y una vez alcanzado el objetivo, buscará la ubicación más propicia para comenzar su tarea de observar. Lo captado se procesa en tiempo real y de acuerdo al resultado, el autómata permanecerá en el lugar o deberá desplazarse. La propiedad del violento narcotraficante está localizada en las inmediaciones del gran desierto y es fruto de una vigilancia continua, a cargo de un experimento de las fuerzas del orden federales.

El proyecto Merodeador, como se lo conoce de un modo más simplificado, está integrado por un verdadero enjambre de dispositivos interconectados y a las órdenes de un poderoso sistema computacional. Él decide la clase de datos requeridos, que pueden arribar de medios aéreos, terrestres o acuáticos, en solitario o combinados. Efectuado el análisis, se emiten conclusiones, que no cesan de actualizarse. Las extensiones desplegadas en el lugar, aguardan el tiempo necesario para ejecutar su labor. Si la energía se agota antes concluirla, son reemplazadas por otras que ya disponen de todo lo recabado. El volver a empezar está descartado. Este sistema es incapaz de ejecutar ataques por si solo. Eso corresponde al siguiente paso tecnológico.

El territorio donde todo transcurre formó parte hace unos dos siglos atrás, de los dominios propios de la confederación indígena iroquesa. Uno de sus integrantes, adquirió reconocimiento y una trascendencia que perdura, gracias a sus destacadas habilidades para seguir, ocultarse y observar a quienes eran considerados enemigos. Ello fue descrito en detalle por un religioso que supo ganarse la confianza del sujeto. Aquellos relatos, preservados en formato bibliográfico, fueron alcanzados por un agente de la ley, ávido lector de material relacionado con los movimientos migratorios que se desplazaban hacia el Oeste. Integrante de la operación actual, trasladó lo encontrado a los coordinadores del programa y todo ese bagaje terminó volcado en la IA. Era como si Okwari (oso, en lengua Mohawk), estuviera repitiendo sus andanzas pero esta vez, bajo la forma de artefactos conformados por carbono, litio, plásticos y silicio.

No tomó demasiado tiempo comenzar a diagramar un mapa minucioso con la cantidad de individuos detectados, sus patrones de movimiento y los reiterados hábitos del objetivo máximo. Se sumaban, además, los probables escenarios a enfrentar durante el ingreso, ordenados desde el óptimo hasta el más factible y violento.

Okwari se mantenía a distancia segura del grupo de carretas que trasladaba a los colonos y de su fuerte custodia, integrada por una recua de antiguos bandoleros y soldados. Durante el día, su presencia podía ser detectada y en determinados momentos, acometía rápidas retiradas en respuesta a los jinetes que se desprendían a todo galope, en su dirección. Bastaban un par de millas, para que la escena llegara a su fin. Alguna vez, se encontró sorprendido por el disparo de alguien provisto con un arma de largo alcance. No obstante, era durante la noche cuando su técnica cobraba sentido. Cómo desplazarse, mantenerse al resguardo de las sombras y emplear todo lo que estuviera próximo para permanecer oculto, eran únicos en él. Luego, lo registrado en cada acción era expuesto a su grupo y se decidían los pasos a seguir.  

La agrupación de ataque se dispuso para el ingreso. Autómatas humanoides y otros, que se desplazan sobre las cuatro extremidades, integran la partida. Funcionan como apoyo, transportando implementos y ante la urgencia, se anteponen como escudos o son los primeros en exhibirse en encrucijadas complejas. Dos de ellos, se desempeñan como verdaderas centrales de comunicación móviles, permitiendo el enlace con el exterior y asegurando asì, el intercambio de información. Las unidades de observación, plenamente activas, aportan todo lo relacionado con los desplazamientos del enemigo en el exterior.

Las seguidillas de disparos de las armas automáticas se intercalan con explosiones. Cargas ubicadas de manera estratégica en el interior, intentar frenar la embestida de los elementos de seguridad. Las unidades externas mantienen el foco en la construcción y sus inmediaciones. Un bípedo, en cambio, dirige de manera persistente, su atención hacia zonas ubicadas a media distancia del conflicto. La existencia de una vía de escape se encuentra contemplada pero se desconoce su localización. La IA recibe la información, la compara con la referida a las experiencias de Okwari y dictamina dos posibles emplazamientos para su abertura. Transfiere la información y se toman los recaudos. Drones artillados con capacidad de vuelo, esperan la señal. El estallido delata el lugar de la salida. La galería, perfectamente construida, ha permanecido bloqueada en el último tramo para no alterar el paisaje. Los drones son lanzados de inmediato e instantes después, someten a quienes emergen e intentan ganar distancia. Al concluir y evaluar los hechos, el número de bajas y heridos entre los atacantes es mínimo, comparado con el exterminio casi total de los delincuentes.

La etapa donde las operaciones se planean y ejecutan bajo la íntegra responsabilidad de complejisimas operaciones matemáticas corriendo a la velocidad de la luz, se encuentra en sus albores. Las conjeturas acerca de las luces y sombras que esto trae consigo, no paran de contraponerse. Gane quien gane en la dialéctica, sólo algo importa. No pasará demasiado tiempo para que lo mencionado se transforme, en una realidad perfectamente palpable.  

 

 

viernes, 1 de mayo de 2026

 

 


 

 

Había concluido la ingesta de grandes tiras asadas de carne grasienta y las primeras notas de sueño, comenzaban a sonar en su cabeza. La jornada había sido larga y extenuante. La presa, una vez apartada de la manada, fue sometida a una continua persecución y hostigamiento, buscando conducirla hacia el sitio que se terminaría transformando en una trampa mortal. Sus restos descansaban en el interior de la gélida cueva, apartados del fuego que proporcionaba luz y calor y con ello, cobijo, comida caliente y protección contra las fieras. El individuo gozaba de buena salud y una edad cercana a los treinta años, un verdadero logro para la época.

La hoguera y la acurrucada figura se ubicaban cerca de la abertura. Asì, evitaba la intoxicación con el humo y se podía atender de manera temprana, cualquier movimiento o ruido inesperado. La cantidad de leña acumulada, garantizaba el combustible suficiente para el resto de la noche. El neandertal se sentía satisfecho y antes de cerrar los ojos, dedicó una detenida mirada hacia los cielos. No dejaba de maravillarse con el grandioso espectáculo de las alturas colmadas con infinitos puntos luminosos. Por la mañana, acomodaría de la mejor manera posible el alimento y partiría hacia el encuentro del clan.

Era tiempo de comenzar el retorno. Aseguró sobre sí la carga y antes de iniciar la caminata, contempló por unos momentos, los signos y figuras presentes en las paredes. Algunos, de su autoría, no eran más que garabatos, producto de las fallas de los elementos para realizarlos o de las mezclas equivocas de pigmentos. Los demás, intentaban plasmar el entorno o aquello que tuviera un valor emocional.

Se movía con agilidad, a pesar del peso extra. Los sectores con nieve profunda se hacían sentir y refrenaban la marcha. Quería arribar durante las horas de luz. La oscuridad terminaba transformándose en una verdadera trampa consecuencia de la intensidad del frío y el acecho de los depredadores. Buscaba los espacios abiertos pero no muy alejados de las arboledas ni las elevaciones. Siempre alerta, giraba la cabeza en todos los sentidos con regularidad, prestaba atención a los sonidos y realizaba profundas y regulares inhalaciones. El intenso jadeo hablaba del duro ritmo que intentaba sostener.

Los ojos permanecían prácticamente cerrados. Lo diáfano del día y el intenso reflejo sobre el manto blanco, lo obligaban a ello. Cuando una lágrima intentaba deslizarse, rápidamente era escurrida con el revés de la mano. Se debía evitar el dañino congelamiento. El temor más grande que lo embargaba, provenía de algo inusual. Últimamente, los despojos de ciertas presas incluidos humanos, daban evidentes muestras de canibalismo. Animales como el lobo por ejemplo, presentan ciertos patrones conocidos al emprender un ataque y eso otorga alguna ventaja, cuando se perciben con suficiente antelación. El hombre, en cambio, puede improvisar y contra eso, no hay anticipación posible. El juego de pisadas inmediato a las víctimas, hablaba de dos individuos presentes, en los hechos mencionados. 

El sitio de residencia del grupo se encontraba próximo. Las señales de agotamiento eran cada vez mayores pero el desplazamiento sin mayores novedades que las improntas de huellas antiguas, algún que otro resbalón o el depósito del pie en un pequeño hueco cubierto por hielo quebradizo, parecía insuflar bocanadas de energía. Se preguntó acerca de la suerte de los otros cazadores. Con resultados míseros o infructuosos, los miembros del clan estaban dependiendo de su aporte para la supervivencia. Pronto, podría comprobarlo.

Los dos individuos que salieron a su encuentro, se encontraban al amparo de densos arbustos. Sus rasgos embrutecidos y un aspecto visiblemente descuidado, transmitían una elevada peligrosidad. El neandertal intentó dirigirse hacia unas salientes rocosas, procurando ganar algo de resguardo. Los oportunistas, conocedores de mil y una estrategias de evasión, se adelantaron presurosos e interrumpieron el desesperado avance. La situación se tornó muy compleja. El atacado comprendió que no quedaba otra alternativa que el enfrentamiento y se dispuso para ello.

Los sujetos se abrieron en forma de abanico y arremetieron al unísono. El neandertal se despojó de la carga y comenzó a moverse, sin alejarse demasiado de ella. El mayor porte de quienes estaban enfrente, era el responsable de una cierta torpeza en los movimientos pero a la vez, la violencia con la que golpeaban era portentosa. El neandertal pudo comprobarlo al detener a duras penas, los primeros garrotazos. Las escasas fuerzas mermaban a gran velocidad y sus acciones parecían no hacer mella en los agresores. Percatándose de la progresiva debilidad, empezaron a lanzar con mayor ímpetu, los intentos de asestarle.

El cráneo del neandertal recibió el impacto de la porción final del grueso madero, gracias a un instintivo movimiento que impidió la completa y fatal colisión. El aturdimiento fue instantáneo, los brazos se aflojaron y todo comenzó moverse delante de sus ojos, de manera descoordinada. Cuando los atacantes se disponían a rematar la tarea, los gritos y las veloces carreras de dos jóvenes individuos, frenaron la acción. Instantes después, todo pasó a ser gruñidos, puntazos, quebradura de huesos y sangre manando por múltiples heridas. El neandertal, algo repuesto, se sumó a la pelea, que concluyó con los bárbaros fallecidos y traumatismos varios en los sobrevivientes. Las mujeres, que observaban a cierta distancia, mientras guarnecían con sus cuerpos a los pequeños, se acercaron para brindar ayuda.

El grupo cuenta con el alimento suficiente para aguardar tranquilos, la culminación del níveo temporal. Todos se asignan tareas, de acuerdo al sexo y la mayor o menor habilidad para el manejo de utensilios y herramientas. Trabajar el cuero curtido, dar la forma requerida a piedras y huesos, ocupan la mayor parte del tiempo. Solo un integrante dedica una parte del suyo, a observar y luego querer reproducir lo transmitido, en la compacta pared de piedra que los cobija.

 

 

 

 

martes, 21 de abril de 2026

 

 


 

 

 

Los dioses se encontraban enojados y eso se hacía sentir en el ambiente. No terminan de aceptar lo que está transcurriendo delante de su ojos. El Hombre, aquel que no cesa de reclamar su ubicación en la cúspide de la existencia, no detiene el brutal derramamiento de sangre en el que está inmerso. La prolongada extensión en el tiempo, no ha hecho más que impulsar la propagación de las acciones belicosas, incluso, hasta los confines más lejanos. Las masacres cubren con mantos casi perfectos de cadáveres, los sitios donde se dirimen las disputas. A la causa original que encendiera la primera chispa, se han sumado los resentimientos particulares y es así que, a la par de los grandes conflictos, se observan verdaderas contiendas entre los habitantes de míseros caseríos. Los dioses deciden que es tiempo de tomar partido y por ello, requieren de la presencia de Nahuatl el Menor, durante el concilio que los reúne.

Estos actos tienen muy corta duración. Las deidades gozan, en general, de muy poca paciencia y por ello, el ambiente se torna caldeado e irresoluto en contados momentos. Cuando se convoca al mitin, ciertos preacuerdos están aceptados y solo falta consagrar la resolución definitiva. Con ello, se reducen las exposiciones y la productividad gana amplio terreno. Nahuatl el Menor permanece en silencio y cumplirá sin ambigüedades, con el dictamen final.

-”No podemos permitir que este pandemónium continúe. Las almas arriban de a miles y de seguir a ese ritmo, no quedará un adorador en pie, en poco tiempo.” resongò con estridencia, la ciega y barbada deidad, que tenía por molesta costumbre, concluir sus expresiones golpeando con intensidad, el báculo contra el suelo.

-”La locura debe cesar de inmediato. Es importante, además, determinar que catalizó semejante nivel de odio y a una escala masiva. En todos los enfrentamientos no se demuestra piedad ni se realizan pedidos de tregua alguna. Un caos absoluto.” sentenció la hercúlea figura, expuesta como siempre, a una fina llovizna que resaltaba su portentosa masa muscular.

-”¿Entiendes, entonces, los objetivos de tu tarea?” consultó el Mayor a su hermano. Nahuatl se puso de pie, asintió con una leve inclinación de su cabeza y emprendió el traslado hacia donde se libraban los hechos.

En todos, la visión era aterradora. Los combatientes parecían estar poseído por lo mismo. Matar o morir era la consigna y se cumplía de cualquier manera. Se arremetía estando sano o herido, provisto de armas o sin ellas, sintiéndose fresco o agotado. Se avanzaba o caía. Las líneas de enfrentamiento no paraban de correrse y distinguir de manera precisa al bando victorioso, no era algo simple. Las reducidas diferencias entre las batallas, radicaban en el clima imperante, el tipo de pertrechos empleados y la gritería en diferentes idiomas.

Los incendios y el humo pestilente, agregaban pavor al cuadro. Nos bastaba con no dejar nada ni a nadie erguidos. Moribundos, incluso, culminaban la sanguinaria tarea, dando inicio a las llamas devastadoras. Interminables bandadas de aves carroñeras se elevaban aquí, para descender más allá. Solo el hartazgo detenía la repugnante tarea. Nahuatl el Menor comenzó a interrogarse. “¿Es posible que todo responda a una intervención diabólica?La crudeza de lo manifestado respondía a esa clase de accionar. Partió sin demoras, hacia los infiernos.

El Hades genera siempre una primera e impactante impresión, producto del horror y el caos que parecen reinar por sobre lo demás. Sin embargo, basta realizar un desplazamiento visual con algo de detenimiento y un rápido análisis de lo observado, para comprobar que todo está muy lejos de ser, una alocada improvisación. El orden y el rigor subyacente, permiten que aquello perdure a pesar del paso del tiempo y su permanente expansión. Localizar al jefazo en el aparente tumulto, no representó un problema.

"¿Estás al tanto de lo que sucede arriba, verdad?" inquirió Nahuatl el Menor, a un gozoso mandamás. "Absolutamente. Y satisfecho, a la vez. La zafra no puede ser más abundante." "¿Tienes algo que ver con semejante grado de barbarie? ¿Algún rebelde, quizás, está haciendo de las suyas?" "¡No!", dijo de manera cortante, mientras sus ojos y boca se transformaban en teas ardientes. Nahuatl el Menor volvió conforme a la superficie. El Maligno no podía mentirle, pese a todo el esfuerzo que empleara, intentando conseguirlo.

Se ubicó al reparo de un roble centenario, implantado en la cúspide de una suave colina. Desde allí, se podía contemplar la desolación, carente de todo limite. Columnas de fuego, gigantescas humaredas que se elevaban hasta los cielos y la tierra arrasada, generaban un espectáculo sobrecogedor. Permaneció reflexivo durante días pero las contestaciones, seguían ocultas.

Un par de siluetas emergieron a cierta distancia. Se los veía sucios, mal alimentados y portando un armamento reluciente. Cuando se encontraban próximos y sin mediar ninguna clase de interacción, abrieron fuego sobre el atónito observador. Mientras la andanada de proyectiles lo atravesaba sin generar el más mínimo rasguño, las anheladas soluciones emergieron victoriosas. Emprendió sin pausa, el retorno a los cielos.

Los dioses se contuvieron mientras Nahuatl el Menor, exponía su veredicto. “Considero que el Hombre, en su mayoría, ha perdido la razón y solo se conduce por impulsos, gobernados por los instintos más primitivos. Haber transferido a la tecnología, la responsabilidad de tener que dar respuestas a la mayor parte de sus demandas existenciales, desde el entretenimiento hasta el cuidado de la salud, por ejemplo, y no haber continuado con la inercia de mantener viva la curiosidad y el deseo de satisfacerla, han terminado provocando un uso cada vez menor de la facultad de pensar. La consecuencia directa es su reducción a un ser básico, incapaz de tolerar a sus pares. Lo he podido deducir cuando dos sujetos me atacaron sin razón justificable. Podían verme y eso está habilitado a las bestias.” El silencio continuó inalterado, tras finalizar las palabras.

¿Qué aconsejas para tratar lo planteado?” “Lo que está aconteciendo solo lo imaginábamos posible durante una hecatombe nuclear y nos alegramos, cuando esa posibilidad se terminó diluyendo. Nos equivocamos. Ahora, realizar alguna clase de intervención podría terminar sometiendo a inocentes y eso es inadmisible. Sólo queda aguardar, a la espera que el raciocinio se encienda e ilumine, a una cantidad suficiente de personas.

Cuando todo parecía indicar que el más fatídico de los desenlaces era inevitable, en un punto remoto del globo, alguien o algunos reaccionaron y una mano terminó bajando el interruptor. La energía que alimentaba a la máquina dejó de fluir, la máquina se detuvo y con ello, finalmente el conflicto. Solo volvería a encenderse en el momento considerado como el conveniente. Un nuevo y escabroso camino intentaba abrirse paso, en la vorágine destructiva imperante.

Nahuatl el Menor ha dejado a otro, la tarea de emisario y ejecutor. Ahora integra al Consejo y cuando se escucha su voz, el reconocimiento de quienes lo rodean trasciende, bajo la forma de una atención expectante.



sábado, 11 de abril de 2026

 

 

 


 

 

Nunca entendió la fascinación que su pequeña hermana siente por el gastado juguete de plástico. Fue retirado por la andariega de un cajón de reliquias. Se trata de un objeto de acción que representa a un veterano general y a la que le faltan colores, en varias de sus partes. Pertenecía a su padre, que lo había recibido a su vez de sus abuelos, como obsequio en el festejo de un cumpleaños en la niñez. Su hermanita no deja de tenerlo a la mano, pese a la generosa cantidad de artilugios con los que cuenta para entretenerse.

La decrépita silueta terminó captando la atención de la joven. Eso la llevó a realizar consultas en la web. Pudo comprobar que no se trataba de un elemento creado de manera única, por la imaginación de un diseñador de juguetes, sino que representaba a un militar de férrea personalidad y con una historia profesional cargada de luces y sombras, que podían variar acorde al ángulo desde donde se realizara la interpretación. El éxito de ventas había sido aceptable y el interés de los coleccionistas retro por la piezas en su estado original, se acercaba a lo muy bueno.

El apego alcanzó un punto crítico en el cual, por ejemplo, la niña solo aceptaba conciliar el sueño con la figura a su lado. La separación temporal desencadenaba verdaderos berrinches, que solo se apaciguaban cuando el trasto hacía su aparición. A partir de allí, el desinterés comenzó a ganar trascendencia y finalmente el personaje, totalmente desplazado, comenzó a acumular polvo en el interior de una cesta desbordada de cachivaches. Esta vuelta a la luz concluyó con la devolución a su estadía original. Allí permanece desde entonces, sumergido en las sombras que conforman las paredes pulidas y la tapa de madera del reservorio.

El tiempo continuó con su interminable derrotero. La joven alcanzó la maternidad, casi finalizando los estudios superiores. Bastaron unos pocos meses para que la criatura diera sus primeros pasos y unos pocos más, para que el mundo entero se transformara en un enigma a descubrir. No pasó demasiado para que el envejecido alojamiento de objetos lúdicos volviera a ser alcanzado, su cobertura izada con torpeza y un par de diminutos ojos curiosos, hurgaran en su interior. El vapuleado juguete volvió a ver la luz y al igual que en las oportunidades anteriores, rápidamente ocupó el primer lugar en las preferencias de la tambaleante inquisidora. En esta ocasión, la incipiente madre, consideró que debía indagar más sobre el insólito interés.

¿La inclinación tenía una raíz psicológica? El oportunismo del mercadeo como una posible explicación, estaba descartado. El personaje al que hacía referencia era un completo desconocido para quienes lo estrujaban y para los adultos, solo despertaba el interés de un público muy restringido y del cuál, la familia, estaba distante. Parecía un callejón sin salida hasta que una explicación factible irrumpió de manera inesperada, mientras observaba hacia ninguna parte, a través de la húmeda ventanilla de un tren suburbano.

Tomó muestras del plástico y de los diferentes colores que teñían la presea y comenzó un análisis profundo, en el laboratorio industrial de la empresa donde se desempeñaba. Sus conocimientos profesionales sobre compuestos químicos y sus propiedades, le permitieron obtener un resultado preciso. No había nada que hiciera sospechar de una dependencia orgánica o mental, provocada por sustancias volátiles o por aquellas incorporadas en finísimas cantidades, mediante la manipulación o el contacto con las mucosas. Todas se encontraban superadas en la actualidad pero nada hacía pensar en alguna clase de peligro. El enigma seguía latente.

Algo inédito comenzó a ocurrir con el paso de las semanas. La necesidad de la joven de estar en contacto con la desvencijada silueta se incrementó de tal manera, que llegó a competir con su pequeña hija por ver quién la tenía más tiempo en su poder. Aquello rayaba el absurdo y eso disparó el desconcierto en la novel madre. Llegó a considerar la necesidad de tener que realizar una consulta profesional y mientras aguardaba por el arribo de la fecha pactada, siguió investigando sobre el enigmático militar. Resultó existir una autobiografía, a la que logró tener acceso. Lo escrito reflejaba una vida asociada a un continuo de misiones y por fuera de ellas, vivir saltando entre las agregadurìas militares de diferentes países. Eso lo había llevado a permanecer ausente de su hogar durante prolongados períodos y cuando no, estar desplazándose junto a su núcleo familiar íntimo. Todo culminó en la separación marital y quizás, lo más doloroso, permanecer alejado en demasía, de su única y amada hija. Los escasos momentos que logró compartir tuvieron un gran impacto emocional, en especial, al comienzo de su existencia y en los albores de la juventud. La lectora quedó impactada, tras aquellas palabras.

Comenzó a desarrollar una creciente desconfianza hacia el deslucido objeto de plástico ¿Cómo encajaba éste, en las zozobras que vivían ella y su hija?

La empresa que en su momento creara la figura, decidió sacar una edición limitada, en honor al cincuenta aniversario de su salida a la venta. Esta vez, estaría acompañada de su hija, en el momento de la juventud. Ya en el mercado y a juicio de la joven, su parecido con esta última era demasiado elevado y decidió contactarse con la firma, a fin de exigir una explicación. La respuesta, que agregaba una cita con el diseñador en jefe, no se hizo esperar. Durante el encuentro, mientras recibía una  una somera explicación, le era facilitada una antigua fotografía donde el militar posaba junto a su hija. La similitud era notable. “Mi abuelo fue quién diseñó el juguete inicial. Admiraba en gran medida al general, a quien conocía personalmente. Había servido oportunamente, bajo sus órdenes. Para la creación de la silueta que representa a su hija, nos basamos en esa escena. Es evidente el sustancial parecido entre ambas.” “Tiene razón", señaló la joven, que no dejaba de apreciar la imagen con detenimiento. “Una novedad de la figura actual contra la anterior, además de los materiales que la conforman, es la capacidad que posee de emitir frases cortas y de manera esporádica, una vez encendida. ¿Desea algo de beber?”, expresó el diseñador. “¿Podría ser un café? Si es así, solo y sin azúcar, por favor,” agradeció la joven.

En el silencio de la cómoda oficina, la frase resonó con absoluta claridad. “¡Hija, qué alegría que volvamos a encontrarnos!La joven, sobresaltada, se puso de pie y se dirigió con lentitud hacia el juguete que se encontraba exhibido sobre una moderna estantería. Al revisarla, la perplejidad y el temor comenzaron a invadirla. El discreto interruptor, marcaba la posición de apagado.

 

sábado, 28 de marzo de 2026

El verdadero enemigo

  


 

Mi instinto indica que es momento de correr y hacerme de una artillería pesada diferente. Lo que obra en mis manos, en estos momentos, no sirve para enfrentar lo que se viene. Mi instinto sabe de supervivencia e ignorarlo puede llegar a ser fatal. Siguiéndolo, estoy todavía aquí. La tarea que llevo adelante, de aplicar soluciones y por cualquier vía, sobre aquellos que han decido no entrar en razones, presenta un estrecho margen de error.

El orificio, parcialmente abierto en el suelo, tenía una ubicación y profundidad estratégica. Pero no despertaba la suficiente confianza sobre su seguridad. Ingresé e inmediatamente después del disparo, sentí el pesado movimiento sobre uno de mis pies. Me retiré con enérgicos movimientos y emprendí una alocada carrera. Más tarde, comprobaría la suerte de la tarea prevista. Ahora buscaba, desesperadamente, salvar mi integridad.

Era consciente del terreno donde me hallaba. Las boas terrestris son verdaderas cabronas cuando se trata de defender su espacio y la que estaba ocupando el hoyo, no seria la excepción. El pesado fusil era un verdadero lastre y solo entorpecía el avance. Alcanzado a duras penas el vehículo, el golpe fácilmente perceptible, indicaba que el contrincante había abandonado el refugio y se dirigía a gran velocidad hacia el osado intruso. Retiré la pistola de su estuche y al girar, me encontré separado del gigantesco animal por una muy corta distancia. Inicié la ronda de disparos. Cada uno, pese a desprender importantes porciones del cuerpo, no amedrentaba el ìmpitu del reptil. Recién el último, directo sobre su cabeza, detuvo todos sus movimientos. Transcurrieron varios minutos antes de que pudiera recuperar normalmente el aliento.

Como en el caso anterior, la profesión me ha llevado a estar lidiando con situaciones inéditas. En una ocasión, solo podía impartir los fundamentos encargados, desde un sector del inmenso parque adyacente a la propiedad del testarudo. El problema mayúsculo lo ofrecían los animales exóticos, que vagaban libremente en áreas determinadas. Me fue imposible precisar en cuales y así, al retirarme, me encontré enfrentado a un sorprendido facòquero, que sintiéndose acorralado, empleó el par de sobresalientes colmillos para defenderse. La feroz cicatriz en la pierna derecha que me acompaña desde entonces, impide realizar toda clase de ninguneos sobre el violento episodio.

Las pirañas hacen honor a su naturaleza cuando la sangre las incita. Adoro nadar en aguas cálidas y este encargo me había llevado a trasladarme hacia ellas. La dificultad radicaba en la ubicación. No correspondían a las apetecibles transparencias de un mar tropical sino a las de un turbio río continental, infectado de peces dientones. En su márgenes, se encontraba localizada la madriguera del irreverente cabezota. El equipo de inmersión protegía de manera relativa, al igual que el agregado de un combo de sustancias repelentes. Me desplazaba luchando contra la corriente, esquivando toda suerte de restos vegetales que se elevaban desde las profundidades y bajo la inspección constante de los carnívoros fluviales. Era consciente que una mínima lesión sangrante, darla inicio a un explosivo frenesí de dientes aguzados y tras el cual, mi existencia pasarla a convertirse en un cúmulo de huesos y restos del equipo desperdigados por el fondo. El plan transcurrió dentro de lo previsto. La ejecución fue limpia y sin dejar un rastro claro sobre su origen. Ello me permitió emprender el retorno, liberado de un nerviosismo excesivo. Los empujones de la masa líquida en movimiento se habían intensificado y el esfuerzo necesario para sostener el rumbo, era mayor. Podía sentir, cada ciertos intervalos, el golpe de las aletas contra la indumentaria. Los depredadores estaban más atrevidos. Probablemente, el efecto de los químicos que los mantenía alejados, se estaba perdiendo. Debía apurar el paso.

Una breve emersiòn confirmó que el desplazamiento era correcto y que el lugar planeado para la salida estaba próximo. Bajo el cobijo de las oscurecidas aguas y al reemprender el pataleo, un breve y violento remolino me terminó depositando sobre un auténtico caos de ramas. No hizo falta comprobar el estado general de mi cuerpo. Múltiples sensaciones de ardor y dolores localizados, confirmaban el impacto de numerosos agujazos. El Terror me invadió sin más. Intenté avanzar de cualquier forma. El dolor que irrumpió, instantes después, es casi indescriptible. Mientras me movía, la boquilla del regulador de aire era estrujada con violencia, cada vez que sentía una agitada vibración y con su cese, la consecuente pérdida de una porción de mi anatomía. Alcancé la tierra y continué avanzando, impulsado sobre mis codos. A cobijo, hizo falta emplear el cuchillo para liberarme de las tres enceguecidas bestias, que continuaban aferradas a mis carnes. Suturas, transfusiones, fiebre y una posterior rehabilitación, fueron el corolario del encuentro salvaje.

Hormigas toro, gigantescos roedores hambrientos y hasta una delirante cacatúa que imitaba a la perfección, los múltiples sonidos de una alarma, se fueron sumando con el tiempo, a la lista de desafortunados encuentros con integrantes del reino animal. Todos dejaron su huella.

Soy uno de los pocos afortunados que pudo retirarse en una pieza y en forma definitiva, de sus labores. Disfruto realizando todo aquello que demanda la supervivencia en una pequeña extensión de tierra y rodeado de múltiples individuos que cacarean, mugen y ladran. Todo lo vivido no provocó hacia ellos, un mínimo de resentimiento siquiera. El verdadero odio está dirigido hacia los monstruos racionales que lucran con las guerras, trafican personas, drogas o lo que sea, movidos por el único interés de obtener beneficios e importándoles nada, del cuantioso sufrimiento que acompaña a esas acciones.

  

sábado, 21 de marzo de 2026


 

El vampiro descansa sobre la gruesa rama que se yergue en las alturas. Levanta la vista y comienza a recorrer el firmamento. Por momentos, entrecierra sus ojos y sonríe, ante la turbia imagen que se termina formando en su cabeza. Cae en la cuenta de la enorme cantidad de tiempo que lleva transcurrido, sin contemplar los cielos. La mar de estrellas que se despliega hasta el infinito, llega a aturdir por unos instantes. Más allá de lo que marca la ciencia, el cuadro encierra magia y sosiego.

Se siente saciado y eso predispone de mejor manera a la apreciación y el disfrute. No olvida las extensas hambrunas padecidas a lo largo del tiempo, provocadas por  pestes o guerras. La cantidad y calidad de las presas disminuía de manera tal, que la propia debilidad transformaba el acto de cazar en un auténtico tormento, por paradójico que fuera. En esas circunstancias, había llegado incluso, a maldecir la resistencia para encontrar la muerte.

Redescubrió el sitio por accidente. No lo frecuentaba desde hacía décadas, producto de la ausencia total de víctimas. Semanas atrás y para su sorpresa, detectó a una y no dudó un instante en someterla. Días más tarde y tras una nueva incursión cargada con algo de recelo, pues consideraba al último hallazgo como un hecho fortuito, volvió a toparse con otra. No podía ser solamente obra de la casualidad. Desde entonces, cuando la necesidad lo urge, incurre en la salida, que sigue sumando buenos resultados. 

La reciente moda de caminar de noche, por lugares apartados y en solitario tiene, como cualquiera de ellas, duración incierta. Eso al vampiro no le incumbe y solo aprovecha la ocasión. Reside a corta distancia y los individuos son, en general, jóvenes y saludables. “Las buenas oportunidades deben ser tomadas cuando se presentan. No hacerlo, es un error imperdonable,sentencia para sí, mientras retira los restos de sangre fresca que permanecen depositados sobre sus labios.

 



 

El hambre le nubla los sentidos y le altera de un modo dramático el razonamiento. Sabe que debe esperar pero la ansiedad lo devora como un fuego. Solo la memoria lo detiene. Por ahora. Actuar de manera impulsiva lo ha llevado a estar a centímetros de la muerte y la impresión consecuente, intensa y activa, suena como una alarma cuando el desborde es inminente. No ha sido grato tener que confrontar un grupo de pesados mastines, entrenados para destrozar a un intruso ni a una turba de enardecidos socorristas, que asisten alertados por la gritería histérica de la víctima.

Contempla, desde una distancia razonable y correctamente mimetizado, la ventana de una habitación atiborrada de objetos. La pareja se mueve en todas las direcciones, acomodándolos en los estantes o en el interior de los cajas. Pero no son ellos, el blanco de interés. Todo está centrado en el tercer individuo presente y parcialmente expuesto desde donde se ubica. Parece ser el que ordena qué hacer a los otros y nada más. De tamaño importante, promete ser un suculento festín.

La pareja se retira, dejando una iluminación difusa y cerrando tras de sí, la puerta de acceso. Debería seguir analizando el cuadro un instante más pero los agujazos estomacales quiebran toda contención y se precipita sobre la abertura escudriñada. Empuja con suavidad y para su momentánea sorpresa, la hoja se desplaza sin oponer resistencia alguna. Ingresa con el máximo sigilo. La figura se encuentra casi completamente de espaldas y no da muestras de advertencia alguna. Se lanza sobre ella, la envuelve con un potente abrazo pero la inercia continúa y ambos terminan en el suelo. El maniquí se desarma en varias partes. El golpe, delator, dispara la secuencia fatal. La puerta se abre de manera violenta, las luces se encienden y el violento ballestazo, acompaña la salida del aguzado proyectil de madera.

El dolor palpitante en el tórax, marca que ha alcanzado su destino. “Todo ha sido una trampa. Burda y estúpida, pero efectiva,” pensó, mientras comienza a deshacerse entre fuertes espasmos. “Tendría que haber esperado algo más, haber tenido un poco màs de paciencia,” fue su última reflexión.