Versión libre de sucesos reales, acontecidos durante las acciones militares llevadas a cabo por la USAF, en territorio iraní.
El tiempo parece encontrarse detenido. Los rasgos de la personalidad requerida y las prolongadas sesiones de entrenamiento, impiden caer en la angustia. El vuelo nocturno, necesario para sumar protección, incrementa la seudoquietud imperante. Las imágenes que se actualizan casi constantemente en las pantallas y las luces que se encienden y apagan de manera regular en los múltiples tableros ayudan, un poco, a romper la monotonía. Como un ingrediente extra, la cabina de la aeronave, aun siendo de última generación, no está diseñada para aportar un gran confort a la tripulación. Dispone de lo indispensable para garantizar el mínimo requerido, en una misión de largo aliento. Todo está configurado, en realidad, para permanecer en el aire la máxima cantidad de tiempo, transportar la mayor carga posible de armamento y terminarlo arrojando con absoluta precisión.
- “¿Cuánto falta para el reabastecimiento?”
- “Unos diez minutos.”
- “Aprovecho para ir al baño.Tienes el control.”
- “¡Ok!” Todo transcurre sin novedades, incluidas las condiciones climáticas.
- “Gracias. No puedo negar la inquietud que me provoca el aprovisionamiento de combustible. Los ensayos preparan pero la realidad…”
- ”Así es. El margen para el error es bastante estrecho ¡Avión cisterna a la vista!”
- “Vuelvo de inmediato.”
Concluido el suministro, vuelve la rutina. Las unidades restantes que conforman el multimillonario escuadrón, se encuentran transitando el mismo procedimiento. Las comunicaciones externas están reducidas al mínimo y se realizan con un nivel de encriptado de múltiples capas de seguridad. El ingreso al espacio aéreo enemigo es inminente.
Hace varios minutos que se transita sobre el territorio del oponente. El bombardero cuenta con una multiplicidad de tecnologías que reducen su presencia a niveles prácticamente indetectables. Las líneas del diseño, el fuselaje con un mínimo de bordes agudos, impulsores desplazados hacia posiciones estratégicas y una cobertura con materiales que absorben las emisiones de radar, integran el paquete. Días previos a su intervención e incluso durante la misma, se han realizado labores destinadas a elevar el nivel de seguridad de la misión. Infiltración y sabotaje a los sistemas de rastreo, destrucción de lanzaderas de misiles fijas, de aeronaves de combate estacionadas en tierra y de las pistas de despegue, inundar el espectro de ondas con toda clase de interferencias, son algunas de ellas pero nada es absoluto. Queda pendiente un objetivo peligroso, las lanzaderas móviles. Rastreadas y detectadas por IA o mediante simple avistaje, se intenta erradicarlas en el mismo momento.
Los pájaros oscuros se desplazan a gran altitud y cuando el terreno marcado como blanco es sobrevolado, las pesadas bombas son liberadas con una cadencia perfectamente diagramada. Algunas compartirán el mismo recorrido, desplazándose en un ajustado tándem. Concluida la labor, da comienzo el prolongado retorno a casa.
La gravedad hace lo suyo. Los inmensos proyectiles parecen no cesar de adquirir velocidad y con una máxima aceleración, alcanzan el suelo. Ingresan a través del mismo y ganan profundidad hasta toparse con las gruesas paredes de hormigón reforzado de las construcciones subterráneas. Comienzan las brutales detonaciones secuenciadas y el efecto es devastador. La presión generada se comporta como un colosal ariete que se lleva todo por delante. Derrumbes, incendios y nuevos estallidos, sellan la suerte de las infraestructuras y de todo lo almacenado. En la superficie, las evidencias de blanco alcanzado son detectadas mediante escaneo satelital y traducidas luego, a precisas imágenes de alta definición.
Horas más tarde, mientras el primer mandatario confirma al mundo los hechos, una tras otra, las gigantescas flechas voladoras transitan el anhelado aterrizaje victorioso. No se ha perdido ninguna. Señuelos y activos, empiezan a recibir el costoso mantenimiento exigido. La guerra continúa su derrotero.
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