sábado, 20 de septiembre de 2025

 

李 (Li) II

Parte X

La despedida había comenzado. El general se enfrentaban en simultáneo a la alegría del encuentro y el dolor de la separación. Lo que estaba previsto inicialmente como un visita de pocos días, se había transformado en semanas y era imposible seguir prolongando la permanencia. En el último tiempo, Li había reiterado a sus tíos la posibilidad de realizar un viaje a la capital imperial. Al principio, aparecieron las resistencias propias de quienes no está acostumbrado a desplazarse. Las únicas salidas de la pareja a lo largo de su historia, estaban condensadas en unos pocos traslados a la capital provincial. Sin embargo, en esta ocasión, el amor familiar se impuso y los tíos terminaron aceptando la invitación. El momento serìa al concluir la zafra. Este logro del militar sorprendió muy gratamente a Feng, quien había agotado todos los argumentos, al intentar convencer a sus padres de alejarse provisoriamente de la vivienda.

La partida estuvo cargada de emociones. Feng viajó transitoriamente junto a su primo, al tener que retornar a los estudios. El general arribó a su morada jornadas más tarde y el intercambio de anécdotas entre los integrantes de la pareja reencontrada, ocupó una generosa porción de sus primeros diálogos.

El frío invernal ocasionaba que un manto helado cubriera la ciudad, durante las primeras horas del día. En las calles de mayor afluencia, al igual que en las inmediaciones de los templos, ubicados al cobijo del sol, los mendigos estiraban la mano, pidiendo limosna. Li, desplazándose entre el gentío, se acercó a uno de ellos. Al buscar depositar las monedas en la extremidad del suplicante, éste la retiró a gran velocidad y giró su cara hacia el suelo. El gesto no pasó inadvertido al general, quien interrogó sobre el por qué al indigente. Éste, enderezando lentamente su cabeza y al enfrentar la mirada de quien aguardaba una respuesta, exclamó: -”¡Por vergüenza, general!”. Li no ocultó el dolor y la sorpresa durante el lapso que demoraron en emerger sus palabras. -”¡Teniente Chew!” Una mueca, burda imitación de una sonrisa, pudo contemplarse en el rostro del pordiosero.

Li se reclinó y ayudó a ponerse de pie al camarada, quien daba muestras de dolor durante el hecho. Interrogado sobre qué le sucedía, Chew manifestó no saberlo a ciencia cierta. Últimamente, la herida sufrida durante la guerra había comenzado a molestar y luego a doler, con una creciente intensidad. Agregó no disponer de los recursos necesarios para una atención médica. Li repartía su atención entre las palabras y la escena donde el antiguo subordinado se interponía en el recorrido de una estocada próxima a golpearlo. En esos instantes, yacía aturdido en el suelo, derribado por el golpe de un fornido enemigo. Mientras el teniente acusaba la herida, el general propinó un corte fatal en el lado interno de una pierna del contrincante.

Instalados en un fragante puesto de comida, el miserable dio cuenta de un par de porciones, engullidas mediante grandes bocados. Li aguardó hasta su saciedad, acompàndose con un pocillo de té. Concluido el entremés y mientras se alejaban del tumulto, realizando una seguidillas de pausas, el teniente argumentó haber sido operado en un par de ocasiones, la última consecuencia de una infección. Ello determinó la baja en el ejército producto de una minusvalía que además, complicó todo intento de querer alcanzar un trabajo digno. Aún cuando los grandes dolores cesaron, endeudado y sin ingresos, terminó en la calle. Por vergüenza, jamás solicitó ayuda, ni siquiera a su familia y eso era, sin reparos, la más onerosa fuente de angustia. Llevaba demasiado tiempo alejado de su presencia. Li, pese a sus reiteradas muestras de agradecimiento, consideraba tener una deuda de gratitud hacia el heroico subalterno. Le comentó de su infructuosa búsqueda, pasado el conflicto y más tarde.

Se trasladaron a una casa de acogida que servía de refugio para los sin techo. Allí, el general resaltó que esperaba la inminente visita de unos familiares, entre quienes se encontraba un primo, flamante egresado de la Academia de Medicina. Especializado en cirugía, no tenia inconvenientes en solicitarle una consulta, si él estaba de acuerdo. Un antiguo teniente, visiblemente conmovido, expresó su consentimiento.

En los días sucesivos, las reuniones entre los compañeros de arma, fueron frecuentes. Li se encargó de asegurarle ropa, calzado y un sustento propicio. La mejora integral de Chew no se hizo esperar.

Feng y sus padres, finalmente arribaron. Interiorizado de la situación del antiguo militar, el novel galeno se dispuso a revisarlo. El cuadro no parecía exhibir una gran complicación. Los dolores cada vez más intensos demostraban provenir de una cicatrización interna que inducía la compresión gradual de ciertos nervios. Una intervención quirúrgica de baja complejidad, podía ser la solución del problema. Tuvo lugar una semana más tarde, con Feng como profesional a cargo.

Un Chew, totalmente repuesto, sonría y saludaba desde su montura al general. Momentos después, partía hacia el encuentro de sus seres queridos.

 

 

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