domingo, 19 de enero de 2025

 

El aviador

El hidroplano se mece suavemente al compás de las ondulaciones del agua que provoca la briza. Se encuentra bien amarrado al muelle particular, construido en la ribera del lago desmesurado. Es posible observar de manera repetida, la misma escena, en diversos sectores del espejo. La moderna aeronave pertenece a un veterano comandante de la Fuerza Aérea. Hijo de un piloto especializado en grandes naves y una aeromoza, creció escuchando hablar de modelos de aviones, sus virtudes y defectos y una cantidad casi inagotable de anécdotas relacionadas con el vuelo. Apenas tuvo la edad suficiente, ingresó en la milicia y allí permaneció hasta su salida. Durante el ejercicio de las tareas, pasó por variados roles como ser auxiliar de mantenimiento, piloto de combate y de aviones de transporte. Incluso ofició temporalmente como instructor. En la actualidad, junto a un par de socios y dos máquinas de propiedad compartida, ofrecen servicios que se debaten entre el traslado de cargas y cuando llega la temporada de pesca, el traslado de aficionados a lugares recónditos, abundantes en la enorme geografía lacustre donde habitan. 

Sus progenitores tomaron oportunamente decisiones, que terminó agradeciendo con el tiempo. Su madre abandonó definitivamente una prometedora carrera a poco menos de su llegada al mundo y se aplicó en acompañarlo durante su evolución. Laboralmente, jamás permaneció quieta, pero atenta a no perder el tiempo libre, casi imposible en la antigua profesión. Siendo un niño, su padre terminó optando por la permanencia en familia, en lugar de una redituable labor. Prosiguió con los vuelos de cabotaje, pero se alejó de inmediato. Asociado, montó una empresa de fumigación de cultivos y a la par, se dedicó a la compra venta de aeronaves usadas. En más de una ocasión, compartió con su hijo cabrioladas, en aviones de exhibición aérea.  

En su pasado militar como piloto de combate, participó en dos enfrentamientos y en ambos, enfrentó esa clase de experiencias no se pueden olvidar. El fuego amigo o sobre blancos equivocados, donde se acumulan víctimas inocentes, fue más patente durante el primera contienda, debido a la menor precisión de los proyectiles. Con el paso del tiempo, pudo acercarse a uno de los sitios alcanzados por los bombardeos y allí pudo presenciar, todavía latentes, los daños provocados. Al retorno, solicitó salida de la fuerza de choque, alegando no reunir los reflejos, el manejo del estrés, etc., que esa experiencia requería. Le fue aceptada y se le asignó la conducción de aviones de mayor porte, encargados del desplazamiento de tropas, pertrechos y demás.

Algo no cuadraba con el destino y la clase de suministros transportados en los últimos vuelos. Supuestamente correspondía a material médico, alimentos y equipos de filtrado para la obtención de agua potable. Movido por la inquietud y desobedeciendo órdenes, abrió uno de los contenedores y se encontró con armamento variado y su correspondiente munición. La intención era abastecer a la insurgencia de un país, oficialmente no apoyado. El desagrado por dicho comportamiento fue tal que desde allí, su carrera militar se estancó. Poco tiempo después fue retirado del pilotaje con razones poco claras y se lo destinó a tareas sin trascendencia, en una oficina de mala muerte. Solicitó el retiro, que le fue otorgado sin dilaciones. 

Como integrante de una institución de aviación civil, ha vivenciado durante horas, el vuelo silencioso de un planeador. Asistió al espectáculo de la observación en altura de una carrera de automóviles, al formar parte de la tripulación de un dirigible publicitario, al mando del hijo de un ex camarada de la fuerza. En una ocasión, debió lanzarse en paracaídas. El área de Inteligencia había determinado la inexistencia de medidas de contraofensiva en el zona a atacar. De acuerdo a esa premisa, los vuelos se realizaron a una menor altura, buscando asegurar la efectividad en los impactos. Nada fue según lo previsto. Apenas arribaron al sitio, fueron recibidos con una nutrida andanada de misiles tierra aire. El saldo final del error fueron dos compañeros de misión muertos y su desesperada eyección, debido al impacto casi fatal de una ojiva contra su nave. Descendido, el lugar se transformó en un campo más de batalla producto de las fuerzas enemigas que buscaban detenerlo y de su propio bando, que intentaba retirarlo. Con heridas menores, fue evacuado en un helicóptero de apoyo. 

La necesidad de surcar los cielos ha estado y sigue presente en su vida. Lo ha conseguido con numerosos medios de elevación y quedan otros como los globos aerostáticos, las ala delta o parapentes. Hallarse suspendido le es tan necesario como respirar. Solo así, parece sentirse vivo.

Cada vez le presta más atención a la Luna y en una de esas, quizás, tal vez… ¿Quién sabe?


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