jueves, 12 de febrero de 2026

 

 


 

Dedicado a todos aquellos que arribaron de tierras distantes y consiguieron hacer de este territorio, su hogar. El esfuerzo y los sacrificios realizados, aseguraron el techo y el sustento y el progreso alcanzado, contribuyó con el aumento de la grandeza nacional.”

  

La venta está fijada para dentro de quince días. El UM25 y el UM48 se encuentran entre los mejores del lote.” Ese fue el mensaje que tanto anhelaba recibir. Siempre me atrajeron los vehículos rudos de mediano porte y el Ejército estaba a punto de desprenderse de varios, producto de la llegada de sus reemplazos, de nueva generación. Contar con un amigo dentro de la fuerza, representa un bonus enorme, al momento de pretender adquirir uno de ellos. Exteriormente, todos pueden verse bastante similares pero debajo de esa apariencia, las diferencias pueden llegar a ser muy marcadas. El tipo de uso y el mantenimiento realizado, determinan que una unidad posea un resto de vida útil y que otra solo sirva para el desguace.

La cantidad de interesados fue inusualmente elevada pero el esfuerzo por conseguir una, dieron sus frutos. El UM48 llegó, al final, a mis manos y me dediqué a disfrutarlo desde el primer instante. Adaptarse a su rusticidad, fue todo un desafío. Los primeros tiempos de la convivencia, transcurrieron entre tironeos durante la marcha y frenadas carentes de toda sutileza. El estado general de la mecánica era bueno y eso me permitió realizar de inmediato, las primeras experiencias offroad. Las salidas se fueron incrementando en su extensión y con ello, se fue materializando en mi cabeza, la gran travesía que tanto anhelaba llevar a cabo. Las fechas comenzaron a concretarse en la agenda y a la par, la logística correspondiente.

Con las primeras luces del día, comenzaba a rodar los primeros metros del gran circuito trazado. A su ritmo, el fierro parecía indestructible. Los kilómetros transcurrían uno tras otro y el placer por alcanzar sitios, tras largas y distendidas conducciones, era cada vez mayor. Los tiempos previstos para los servicios se mantenían reducidos a un mínimo y eso alentaba a prolongar las visitas y sumar otras, no consideradas en el plan original. Precisamente y gracias a una de ellas, me encontraba detenido frente a una encrucijada, en medio de la nada misma. La señal satelital era efímera y errática y no podía terminar de decidirme por la derivación correcta. La prudencia aconsejaba pegar la vuelta y consultar en el último poblado dejado atrás. Pero era temprano, contaba con suficiente combustible y el espíritu de aventura insistía con un poco de adrenalina. Observé en uno y otro sentido y momentos después, continuaba el avance por el sendero disponible a la diestra.

La falta de referencias claras, se hizo prolongada. Progresaba contenido entre los alambres oxidados de alambradas escuálidas y a la vista de pequeños rebaños de ovinos, pastoreando desperdigados en la inmensidad. Cuando comenzaba a debatir entre seguir adelante o deshacer lo recorrido, pude divisar a un reducido grupo de construcciones, distribuidas en una leve hondonada. Se hallaban estacionadas en parcelas de un color verde intenso. Suponía terrenos cubiertos por herbáceas destinadas a forraje, que aseguraría el sustento del ganado durante la inclemencia climática. Detuve la marcha frente a una sombra generosa y próxima al ingreso de una propiedad.

La serie de gritos fue emitida sin preámbulos y el mensaje que conllevaba, era directo. Retirá el Uni de ahí, que complica la pasada. Además, en un rato, se acabó la sombra. Ingresalo y estacioná detrás del galpón. Ahí va a estar a resguardo hasta la noche.” Mientras volvía a subir, encendía el vehículo y comenzaba las maniobras para acceder, contemplaba el movimiento del lugar. Lo único que se agitaba cada tanto, era algo del polvo del camino. La sonrisa ocupó la total extensión de mi boca.

Lo que debía ser una breve parada de refresco y orientación, se convirtió en una estancia de días. Las visitas por aquellos lares eran casi impensadas y el matrimonio dueño de casa, no iba a desaprovechar el poder relacionarse con alguien diferente a los locales. La monotonía del diario quehacer, resultaba interrumpida por las conversaciones a lo largo del día. Los momentos libres del asedio, eran aprovechados para conocer los alrededores y entablar contacto con el resto de los vecinos. En cada oportunidad, el patrón de conductas permanecía inmutable. Comenzaba con los saludos iniciales, la inmediata invitación al ingreso, dependiendo de la hora se compartía mate o alimentos y se daba inicio a la infaltable catarata de preguntas. En todos los casos, las familias estaban conformadas por matrimonios mayores e hijos emigrados. La variedad de rasgos y acentos, hablaba de procedencias variadas, mayormente del norte y oriente europeo. Imaginaba la huida de condiciones de existencia paupérrimas, como un justificativo para sobrevivir en la soledad de la Patagonia argentina.

El tiempo de permanencia ha concluido y a la madrugada siguiente, volveré a los caminos. Una cena de despedida se terminó concretando y para el atardecer, todo lo necesario estaba dispuesto en una gran mesa al aire libre. Acompañaban los integrantes de cada grupo familiar con el que había interactuado. Todo transcurría entre risas y el intercambio de fuentes con las más variadas tentaciones. Una majestuosa luna llena, comenzó a elevarse por sobre las estribaciones lejanas. De pronto, la algarabía comenzó a tornarse confusa, consecuencia del reemplazo del parloteo inicial por otros, en diferentes lenguajes. El entorno contiguo empezó a difuminarse gradualmente, hasta el completo desvanecimiento. Quedé absolutamente solo, descansando sobre la pequeña roca que cumplía las funciones de asiento.

Con el encendido de las luces del vehículo, el desconcierto se hizo más acentuado. No había, en las inmediaciones, rastros de absolutamente nada ni nadie. Decidí no alejarme hasta el amanecer, pese a no poder pegar un ojo durante toda la noche. El alba trajo a la vista, algo ligeramente diferente. Antiguas demarcaciones y algún que otro mínimo resto de construcción, confirmaban la extinta convivencia en la zona ¿En qué había estado involucrado durante todo ese tiempo?

El servicio satelital funcionaba a la perfección y en el mapa digital, el empalme del camino donde me hallaba, con la carretera nacional, se hallaba en cercanías. Mientras avanzaba en esa dirección, no podía retirar de mi cabeza lo transcurrido. La intensidad de cada momento y el inédito desenlace, lo impedían.

No hubo ninguna clase de agresión y ni siquiera, considero, la intención de querer asustarme. Todo transcurrió de manera pacífica y ello me permitió realizar con cierta premura, algo parecido a la reflexión ¿Cuánto había durado la experiencia? ¿Los días transitados fueron realmente tales o simplemente unos instantes? No experimentaba hambre y me sentía descansado ¿Ocurría con frecuencia o había sido producto de la casualidad? ¿Tenía algún significado? Terminè aceptando como una posible salida a la encrucijada, la idea de viejos inmigrantes que hallaron cobijo y posibilidades, en la inmensidad desafiante del Sur. La intensa conexión lograda generó raíces tan profundas, que sus espíritus siguen aferrados a la tierra que les dio el sustento.

 

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