李 (Li) II
Parte VI
Está amaneciendo y el sueño golpea con rudeza. Pese a ello, la maravilla de un cielo iluminándose gradualmente con las distintas tonalidades que transcurren entre el rojo y el amarillo, es algo que no deja de maravillar al joven aspirante Li. Ubicado en lo alto de la muralla que rodea al cuartel, con una postura corporal rígida y sosteniendo la lanza erguida, sus ojos no cesan de contemplar el celestial espectáculo. A pesar del éxtasis, el alerta sigue intacto e intermitentes desvíos de la mirada hacia abajo y los costados, lo confirman. Un par de ataques, simulados por sus propios compañeros, fueron rápidamente advertidos y eso le valió el merecido reconocimiento. Una falla en esta instancia se paga con creces y puede impactar directamente, en las intenciones de cualquier novicio, de continuar en la fuerza.
Ha transcurrido un año desde el ingreso y durante ese trayecto, se terminó de confirmar su elección por la vida militar. La módica suma que percibe como sueldo, le permite cubrir el resto de las necesidades básicas, de por sí muy escuetas. Permaneciendo al margen del juego y de los gastos desmedidos durante las breves salidas de fin de semana, puede ahorrar y enviar dinero a sus padres, a quienes no ha vuelto a ver, desde la incorporación. Si las circunstancias continúan su derrotero como hasta ese momento, irá a visitarlos en un mes, aprovechando su primera gran licencia anual de quince días. Ordenado y respetuoso, de pocas y precisas palabras, manifiesta un trato amable y no escatima en compartir. A pesar de su modesta procedencia, se ha ganado la amistad de un compañero de promoción, el joven Hao, que proviene de una familia con abultado pasado militar y padres acreedores de extensos latifundios. Es lo opuesto a Li en varios rasgos de su personalidad. Extrovertido, de risa fácil y gustoso de las bromas. Producto del buen pasar, ha desarrollado una capacidad de gastar casi sin límites. No obstante, sabe reconocer y valorar la nobleza en los demás y eso, en su amigo, es algo destacable.
La lealtad y el afecto continuó acrecentándose con el paso de tiempo. Ninguno se mostraba inhibido cuando se compartían las visitas a hogares con marcados contrastes. La sencillez de uno se contraponía a la majestuosidad del otro aunque en ambos, no faltaban la limpieza ni el orden.
Los comienzos resultaron particularmente duros para el grupo de iniciados. El Imperio estaba consolidándose tanto interna como externamente y las intervenciones militares ocurrían con frecuencia. En varias partidas, se terminaron cumpliendo órdenes con origen bastante difuso. El mayor desánimo lo generaba el enfrentamiento entre connacionales y sobre todo, cuando los integrantes del bando opuesto provenían de los sectores sociales más desfavorecidos. Vulnerables al convencimiento, incluso con falsas promesas producto de necesidades básicas eternamente insatisfechas, eran quienes combatían con más frenesí, a pesar de la escasa o nula formación militar y un equipamiento miserable. El resultado final era siempre el mismo. La derrota estaba acompañada de un gran número de muertos y heridos, muchos de los cuales quedaban imposibilitados para el posterior retorno a las labores. Una doble condena para el pobre desgraciado y su grupo cercano.
Salir al cruce de ejércitos extranjeros implicaba grandes movilizaciones de hombres e insumos y probablemente, recorrer grandes distancias. Eso era costoso y no siempre se disponía de la totalidad de lo demandado. Se debía extremar el cuidado del armamento y munición y soportar la imposibilidad de satisfacer el hambre de manera completa, durante la extensión de las maniobras. Muchos recurrían al pillaje, en especial cuando se avanzaba cerca de las poblaciones. Li y Hao lo detestaban. Lo robado, en varias oportunidades, provenía del mísero sustento de quienes habitaban en las periferias. Los combates, en estos casos, se libraban con la intención de recuperar territorios invadidos o para asegurar los ganados.
El único encuentro con sujetos provenientes de tierras muy distantes, tuvo lugar durante el arribo de un barco repleto de mercenarios y falsamente identificado con la bandera de un país vecino. En su viaje de retorno y empujados por un escaso volumen de ganancias conseguidas mediante el saqueo, intentaron rellenar sus arcas en los territorios aledaños a las playas del Imperio. Mientras una parte de los agresores avanzaba por tierra, los restantes lo hacían desde la embarcación y al aproximarse a las villas o caseríos, hostigaban a cañonazos, generando destrozos, temor y huidas y facilitando, de esta manera, la agresión sorpresiva de quienes se movían a pie. Fue la primera vez que Li observó a sujetos de una raza diferente. Y allí comenzaron sus dudas sobre la evidente inferioridad estratégica y tecnológica que exhibían las fuerzas locales. El esfuerzo y sacrificio que exigió la neutralización, le terminaron generando una impresión que jamás pudo alejar de sus pensamientos. Fue una de las razones motoras de la necesidad del perfeccionamiento continuo en lo teórico y su posterior traslado a lo práctico, a medida que el ascenso militar lo permitía. De mente abierta, estaba atento a las innovaciones y no descaraba ideas. Era reacio, eso sí, a las soluciones a la ligera.
Como en todo, estaba convencido que la permanencia indefinida en una misma posición, sea por comodidad o pereza, se traducía indefectiblemente en obsolescencia o derrota. En especial, lo último, en este rubro.
No hay comentarios:
Publicar un comentario