viernes, 10 de enero de 2025

 

Malinka y el extranjero

Son los descendientes de un grupo de bravos que supo entregar a un precio muy elevado la derrota y la sumisión consecuente. Los agresores, cada vez más enardecidos por las flagrantes derrotas que debían soportar tras concluir cada ataque, apelaban al agotamiento de los contrarios, empleando números progresivamente mayores de hombres y recursos. La caída fue inexorable y cuando llegó, las represalias adquirieron la forma de un verdadero tormento. No existió pedido de clemencia alguno y los ríos de lágrimas vertidos, se lloraron en soledad. El dolor soportado fue tan intenso, que se continuó propagando en el inconsciente de las sucesivas generaciones de los vencidos, como ondas de agua desplazándose en un estanque. El resultado de ello en la actualidad, es una comunidad con integrantes  cargados de amabilidad entre pares pero que se torna silenciosa y cabizbaja, en presencia de extranjeros.

Malinka acaba de concluir la desenfrenada cabalgata diaria. El joven semental, todo brío y resistencia, parece disfrutar con la misma intensidad que su dueña, del esfuerzo realizado. Todavía en el lomo de la bestia y próxima a los límites del concurrido mercado, la joven amazona observa la contrastante figura del extranjero, quién parece mirar el entorno con desorientación. Su elevada estatura y rasgos propios de los individuos del norte, marcan la diferencia con los locales. Separada de la montura, la jinete decide aproximarse, simulando una inocente curiosidad.

Dice llamarse Otto, pronunciado de manera trabajosa, en el dialecto local. Se trata de un joven antropólogo que intenta recabar, de forma presencial, información que le permita concluir con el armado de su tesis. Ésta versa sobre los múltiples estragos que genera en los sometidos, el avasallamiento por la fuerza. El científico tiene intenciones de instalarse un tiempo hasta conseguir su cometido. Tras escuchar los intereses y demandas del recién llegado, una desinteresada Malinka lo condujo hacia dónde, por un precio decente, tendría garantizada la alimentación y el cobijo necesarios.

Malinka es la hija menor de una típica familia tradicional. Como dictan las costumbres, una pareja consumada dedica la primera parte de su vida conyugal a la tenencia y crianza de varios vástagos. Eso, que tenía sentido en los viejos tiempos debido a la elevada mortalidad infantil, en la actualidad, no para de hacer crecer el número total de integrantes de la etnia. Solo el menor de los hermanos varones de la joven permanece en el  poblado, habitando en la residencia familiar. Malina experimenta una diferencia notable con respecto a quienes comparten su edad. No acepta de manera pacífica el aplastamiento oportunamente infligido por los usurpadores. Esta permanente disconformidad la mantiene sumergida en una continua rebeldía y una casi completa marginación social.

El vocabulario cortés y la sonrisa casi constante del recién arribado, le permitieron ganarse con gran velocidad la aceptación popular. Bastaron unos pocos días para observarlo sostener largas conversaciones con diferentes actores sociales y participar de manera colaborativa, en actividades que requerían del esfuerzo personal como la movilización de pesados bultos o de una nutrida presencia de individuos, al trasladar de un lado a otro, los generosos rebaños de animales domésticos.

El caballo se mostraba diferente esa mañana. Los habituales ímpetus anteriores a una salida, definidos por la movilidad casi constante de sus patas, habían dado paso a bruscos cabeceos y mordidas frenéticas al hierro que atravesaba su boca. Éste forma parte del conjunto de corduras alrededor de su cabeza que permiten al jinete cambiar el recorrido y ordenar el frenado de la marcha. La travesía transcurrió sin mayores cambios pero todo se complicó en el momento de la detención. Era evidente que alguna clase de dolencia tenía fastidiado al noble bruto y por ende, sus respuestas no eran las esperadas. Cubierto de polvo y sudor, transformado en una especie de espuma sucia en algunas partes de su cuerpo, no dejaba de moverse y erguirse sobre sus dos patas traseras. Los tironeos de las riendas y las órdenes de Malinka no tenían ninguna clase de efecto sobre el díscolo equino. Algunos curiosos contemplaban expectantes la escena. El extranjero, con sus brazos en alto y suaves palabras, logró tranquilizarlo. Fue el comienzo de una creciente aunque transitoria relación entre una intrépida ecuestre y un sereno personaje, proveniente del mundo de las ciencias.

Para Malinka, fue su primera experiencia en una relación de esas características. Por un lado, se descubrió maravillosamente vulnerable en los momentos de intimidad. Acostumbrada a llevar la iniciativa, al disenso y los análisis profundamente racionales de cada situación, se veía sorprendida ante sus propios arrebatos impulsivos y las propuestas de la pareja, que aceptaba sin rodeos. A la par y como algo a su vez inesperado, se encontraban los deseos cada vez más intensos de revancha, sobre los descendientes de quienes causaron el histórico quebrantamiento.

La partida del antropólogo era inminente. Malinka entreabrió los ojos, recostada sobre el cuerpo de Otto, quién dormía de manera relajada. Las escasas luces nocturnas ingresaban por la abertura cuyas cortinas permanecían recogidas. Estaba inquieta. Los últimos sueños que recordaba eran bastante contradictorios. Momentos idílicos, cargados de formas y colores, se contrastaban con otros, llenos de violencia y dolor. No sabía cómo interpretar tal diferencia y sobretodo, si representaba alguna clase de mensaje.

Se enderezó levemente, apoyando su brazo en el tórax desnudo. La imagen que se encontraba delante de sus ojos le provocó un sobresalto de tal magnitud, que se puso de pie, al tiempo que cubría su desnudez con la manta. El rostro de quien compartía el lecho, mostraba ciertos cambios y emitía un brillo sutil. Un par de cicatrices, algunas arrugas próximas a los ojos y una barba más tupida eran los más destacados. Malinka se debatía entre gritar o retirarse sin tanto escándalo, cuando Otto abrió sus ojos. Viendo la expresión desencajada de quién tenía enfrente, comprendió la circunstancia y antes del inicio de una catarata de preguntas sin mucho orden ni coherencia, tomó la palabra, expresándose sin darle volteretas al asunto.

- “Soy Thor y entre tantos atributos, soy considerado un dios de la guerra. Pero en realidad y a diferencia de Odín, que se entusiasma con el enfrentamiento y la muerte gloriosa, prefiero más la protección.”

- “No entiendo qué haces aquí”, expresó una incrédula Malinka.

- “He estado siguiendo tu linaje a lo largo del tiempo y es evidente que en tu persona, se ha vuelto a encender con intensidad, la llama del inconformismo frente al abuso de poder y el deseo de liberación. Además, me es imposible negar que me han atrapado tus encantos.”

- “¿Cómo es eso que observas mi linaje y conoces la historia de mi pueblo? ¡Perteneces a otra cultura!”

- “Las deidades somos las mismas. Solo varían las virtudes o atributos y los nombres, según el tiempo y los lugares. He acompañado realidades tan disímiles que si las recitara, pensarías que son solo habladurías o pura jactancia.”

- “¿De nuevo, qué haces aquí?”

- “Estuve presente antes y durante los enfrentamientos de tus antecesores. He sido y sigo siendo testigo de lo que significó haber sido vencidos y sus lamentables consecuencias, tanto las inmediatas como las actuales. Representaron el dolor en su máxima expresión y el posterior inicio de una interminable humillación. Tú puedes dar paso a la reversión de todo ello.“

- “¿Y qué puedes aportar, si decido avanzar con aquello que siento como el verdadero objetivo de mi propia vida?”

- “No puedo intervenir de manera directa en un conflicto. Toda vez que lo hice, otros como yo tomaron parte en el bando contrario y los resultados fueron dantescos. Mi contribución será, sin dudas, la sabiduría al momento de las decisiones.”

Malinka transitó en un santiamén del aturdimiento al fervor. Estar respaldada por la sapiencia de una divinidad en algo tan complejo como una contienda, le aportó tranquilidad y a modo de paradoja, incrementó el enardecimiento por querer llevar adelante lo que tanto anhelaba. Recuperada la conciencia y al dirigir la mirada hacia su acompañante, comprobó que su lugar lo ocupaba un espacio vacío sepultado bajo sábanas revueltas.

Amanecía cuando emergió al exterior. Una sola pregunta le golpeaba una y otra vez, ¿valía la pena llevar adelante acciones cuya meta podía considerarse noble pero generadoras de una mar de lamentos durante su ejecución?

Tras recorrer con la mirada los rostros de quienes iniciaban sus actividades y a los que amaba incondicionalmente, halló la respuesta. Una vida que transcurría sin dignidad era equivalente, del alguna manera, a una existencia sin libertad. Sabía adónde y a quién dirigirse para poner en marcha el engranaje. El redoble de los tambores de guerra comenzaría a escucharse en tiempos cercanos. 

lunes, 6 de enero de 2025

 

Roldán (MSTH)

Sucesos - parte II

El padre Evaristo había concretado con éxito varios exorcismos. Era un referente sobre el tema en el mundo eclesiástico y en más de una oportunidad, la solicitud de sus servicios provenía de las más altas esferas.

La carta, de formato tradicional, descansaba en el viejo cartero. Algo poco común en su estructura era la ausencia del remitente. En manos del sacerdote y en el espacio parroquial que oficiaba de despacho, se procedió a su apertura. Sospechaba acerca de su origen. El papel estaba encabezado por un emblema que le recordaba la época del noviciado. Allí lo había observado por primera vez. Pertenecía al cardenalato del cual dependía. Recorrió en silencio las líneas garabateadas y en silencio, quemó el papel, como se encontraba explícito al final del mismo. Dos días más tarde, estaba de pie frente el cardenal, instalados en una oficina de uso poco frecuente.

– “Se me ocurrió un envío a la vieja escuela. Quizás podría pasar más desapercibido que un mensaje moderno, con su poderosa encriptación y todo eso.”, expresó sonriente su eminencia.

– “Comparto la idea. “, señaló Evaristo, expectante.

– “Tome asiento, por favor ¿Un café? Recuerdo que a usted le apetece y mucho.”

– “Sí, muchas gracias ¿Tan complicado es el panorama?

– “Directo al grano, como siempre.” Y siguiendo el estilo, le preguntó sin rodeos “¿Ha notado alguna evolución en las actividades del innombrable?”, ello, mientras ofrecía un humeante pocillo.

– “En lo inmediato, podría decirse que lo mismo, tanto en frecuencia como características. Pero debo destacar, eso sí, más intervenciones exorcistas. Y en dos casos, los demonios expulsados eran algo más que principiantes queriendo llamar la atención.” respondió Evaristo, al tiempo que se deleitaba con la exquisita fragancia que lo envolvía.

– “Sus palabras tienen consonancia con las de otros presbíteros. Es probable que estemos en los albores de una nueva embestida infernal.”

– “Hasta donde recuerdo, no estamos en vísperas de ninguna fecha o profecía de relevancia.” comentó de un modo casi casual el sacerdote, tras dar un sorbo y al concluir un momento de silencio.

– “Precisamente, pienso que ahí está la clave. Al no encontrarnos en tales proximidades, estamos desprevenidos. He consultado a un par de eruditos en momentos históricos cruciales y ambos han confirmado su total ausencia en estas fechas.” sentenció el cardenal.

– “Tengo entendido que se ha desempeñado junto a un particular durante una expulsión, ¿es así?”

– “Correcto. Lo que tenía por delante que era algo complejo. Solo, quizás no hubiese podido, o tal vez sí, pero con un costo energético demasiado elevado. En realidad, he sido acompañado por dos, en diferentes oportunidades.”

– “No deja de ser algo novedoso, ¿cómo dio con ellos?”

– “Básicamente, habladuría popular. Pero bastaron un par de charlas con cada uno y luego, tras actuar, demostraron con solvencia saber de qué se trata el asunto.”

¿Cómo llevan adelante los enfrentamientos?”

– “Inician con una serie de recitados, algunos muy antiguos y otros, citados en las Sagradas Escrituras. El esquema se mantiene hasta identificar el adversario. Logrado, continúan con frases específicas que posibilitan la expulsión. La resistencia física, la memoria y el manejo de lo emocional es encomiable en ambos. Son creyentes pero no practicantes del culto.”

El paso de los días no hizo más que confirmar el presagio. Tres barrios en paralelo, comenzaron a sufrir una brusca escalada de todo tipo de manifestaciones diabólicas. Apariciones, posesiones e incluso un par de muertos vivos, dispararon todas las alarmas. El cardenal, el obispo y el grupo de sacerdotes capaces de hacer frente a todo lo que estaba pasando, se hallaban reunidos de emergencia en las instalaciones del padre Evaristo. La gravedad de los sucesos, obligó a extender la convocatoria a Roldán y Sambueza. El encuentro transcurría a puertas cerradas y el fragor inicial había menguado hasta alcanzar los niveles de un mitin un tanto numeroso, donde la circulación y escucha de la palabra era posible.

Varias teorías explicativas de los hechos habían circulado sin demasiado éxito. Durante un breve intervalo dialéctico, Roldán soltó unas palabras que captaron rápidamente toda la atención.

– “Creo que un pozo de almas malditas ha entrado en contacto con la superficie, repitió. Solo así se puede entender el número desproporcionado de fenómenos que están ocurriendo en simultáneo. De acuerdo a viejos relatos, más de una cultura ha considerado al infierno como un espacio dinámico ubicado en lo profundo y sin una forma definida, producto de permanentes contracciones y expansiones. Siguiendo esa idea, una prolongación podría alcanzar la superficie, empujada por un cúmulo energético lo suficientemente potente. Una vez logrado, se liberarían los espíritus contenidos en ella. Esa extremidad representaría una especie de pozo, visto del lado del averno.”

– “Existen referencias a esa concepción del tártaro en textos apócrifos, contemporáneos a los Evangelios. Sin dudas, aportaría claridad sobre el conjunto de explosiones demoníacas registradas a lo largo del tiempo y sin causas evidentes que las definan. De acuerdo a esos registros, los comienzos y finales siempre fueron bruscos. Esto último podría deberse a un agotamiento de las fuerzas que sostienen los espacios y el cierre consecuente del canal de comunicación.”, terminó de explayarse el cardenal, redondeando lo expresado por Roldán.

– “Si es realmente lo que está ocurriendo, no queda otra alternativa que esperar al alejamiento del hueco y en el ínterin, actuar según sus consecuencias. Sin ánimo de ser pesimista, es esperable que entre tantas salidas, alguna sobresalga y los esfuerzos para su contención deberán ser mucho mayores. Sería oportuno trazar un plan de actuación para evitar que estemos todos agotados, ante ese eventual.”, opinó el obispo con pesadumbre.

– “Coincido con ello.” afirmó Sambueza, quién hasta entonces, se había limitado a escuchar.

Terminado el encuentro, los únicos dos no religiosos, continuaron con el diálogo en una cervecería distante a unos pocos pasos de la ubicación anterior.

– “Están asustados y con razón. La cosa no es para menos.”, manifestó Roldán e inició una largo sorbo a la refrescante bebida, cargada de burbujas y espuma.

– “Sí, es cierto. Complejo y de consecuencias imprevisibles. No sé como saldremos parados de ésta. Voy a conectarme con un par de colegas, por si acaso. Son muy discretos y con talentos que pueden resultar de gran utilidad.”, remató Sambueza, al tiempo de separaba un par de manís de sus envoltorios y los arrojaba, con habilidad, a su boca entreabierta.

– “No es mala idea. Yo no conozco a nadie lo suficientemente preparado. Cambiando algo de tema, ¿qué fue lo peor que le tocó enfrentar?”

– “Hace unos meses, lidiando con un malévolo importado, mi alma, por momentos, era arrastrada fuera del cuerpo. Allí experimenté lo más extraño que me ha tocado vivir. Pasaba de algo así como estar muerto pero sin perder la consciencia a recuperar el control y las fuerzas, cuando el espíritu reingresaba. Nunca he sentido una vulnerabilidad mayor.” Las palabras de Sambueza estaban acompañadas de trazas perceptibles de pesar.

– “Anima in receptum (alma en retirada). He leído algo al respecto y se considera que muy pocos son capaces de soportarlo. Salir ileso, una vez transcurrido, es menos frecuente aún."

El peor de los escenarios se hizo realidad. Cuando todo parecía indicar la finalización del suceso, una entidad realmente maléfica hizo su aparición. Doblegarla exigió una tarea sobrehumana y en el caso particular de Roldán, prácticamente el propio sacrificio.

Llegó acompañada de un séquito de esbirros que no paraban de entorpecer las medidas que permitían repeler el ataque. Hubo que convocar a un par de sacerdotes que aguardaban el llamado. Uno de ellos desistió de inmediato, al comprobar in situ, de qué se trataba la cosa. El acto final transcurrió en una construcción que oficiaba de albergue transitorio para personas indigentes. Los presentes oficiaron de rehenes del maldito, que no paraba de saltar de cuerpo en cuerpo. Para neutralizarlo, debía estar contenido en un recipiente humano y ello solo era posible con una intervención en el plano espiritual. Un alma lo suficientemente vigorosa mantendría abrazada a la figura que contenía al espanto, mientras eran recitados los cánticos que terminarían anulándolo. Roldán se ofreció para lo primero. Conocía el ritual para liberar su propia esencia y el enorme riesgo que ello conllevaba. Si la estadía externa se prolongaba demasiado en el tiempo, la muerte corporal era un hecho.

Se acostó en suelo, cerró los ojos y empezó con la letanía. El espíritu emergió lentamente (anima libertas) y en plena libertad, se dirigió hacia el infeliz que alojaba al demonio. El rostro de Roldán comenzó a palidecer rápidamente y la temperatura corporal a descender de igual manera. Sin preámbulos, el soplo se aferró con fiereza al poseído, al tiempo que Sambueza y el resto de los colaboradores, aullaban desesperadamente los preceptos. De imprevisto, el sometido lanzó un grito estremecedor y se derrumbó sobre sus pies. Las fuerzas del mal habían perdido la batalla. El cuerpo del espiritista estaba rígido, cubierto de sudor y la respiración era dudosa, cuando el alma se reinstaló en él.

Días después, se produjo un nuevo cónclave. Éste fue breve y austero y buscaba dar un cierre a todo lo acontecido. Rostros demacrados, algunos quilos menos y visibles señales de cansancio, eran suficiente evidencia de la exigencia superada. Se destacó de un modo especial, producto de lo que estuvo en juego, el accionar de Roldán. Éste se mantuvo taciturno durante las palabras. Antes de despedirse, se acordó preservar el contacto, siendo el padre Evaristo el nexo de comunicación.

Meses más tarde y tras finalizar un rutinaria jornada donde intentaba satisfacer las necesidades más diversas, Roldán se disponía a tomar unos mates. Mientras calentaba el agua, no podía alejar de sus pensamientos, la idea de considerar a la ignorancia como la verdadera fuente de aquello que muchos llaman maleficios o encantamientos. Entre sorbo y sorbo, decidió consultar el celular.

Reiterados audios y llamadas perdidas del padre Evaristo, no podían significar otra cosa que la maldad moviendo sus fichas, nuevamente.