viernes, 31 de mayo de 2024

 

El chatarrero

 Padres - Don Antonio

► I ◄ 

Descendió del autobús y se ubicó a la sombra, bastante diminuta, por cierto, de la parada minimalista. El intenso calor, desprovisto de humedad, lo envolvió como un manto sofocante. La respuesta inmediata fue una serie de boqueadas buscando aire de manera desesperada, quedar cubierto de sudor casi al instante y el recitado de una buena colección de insultos por lo bajo. Don Antonio contempló con los ojos entreabiertos la desierta cinta asfáltica y a posteriori, con la mirada fija en los inicios del desierto, se dispuso a llamar a su hijo, José el chatarrero, para que viniera a levantarlo. Se trataba de un encuentro postergado y acordado de manera relativa en cuanto a la fecha. Mientras el celular emitía repetidos tonos de llamado, el padre rogaba que su hijo no estuviera en una de sus habituales correrías. 

Cuando el golpe de calor parecía inminente, una diminuta polvareda comenzó a visualizarse en el horizonte. Momentos después, un punto oscuro podía distinguirse casi en su centro. A medida que la imagen del Depecero comenzaba a observarse con más detalles, ocurría lo mismo con el nivel de estruendos que la acompañaba. El armatoste finalmente detuvo su marcha frente a Don Antonio, quién un tanto perplejo, abrió la puerta. José lo contemplaba en silencio. Don Antonio se acomodó y esbozó un raquítico “Hola”. Pepe, sin realizar comentario alguno, extrajo una botella de agua del frigobar, dispuesto a su lado en la generosa cabina y se la ofreció a su padre. “Hay mucho que conversar y resolver”, pensó para sí Don Antonio, al tiempo que casi se atragantaba, producto de los prolongados sorbos con que consumía el preciado líquido. 

Don Antonio se instaló en la casilla acondicionada por su hijo. Equipada con lo mínimo e indispensable en cuanto a comodidades, el vital aire acondicionado estaba presente y funcionando y la heladera provista con algunos de los eternos gustos del visitante. Meditado con antelación y ya en el lugar, seguía considerando como mejor opción, no forzar los diálogos y permitir que se desarrollen cuando las circunstancias lo permitieran. La mamá del chatarrero, a sabiendas de todo lo que padre e hijo tenían que afrontar, había decidido no participar del viaje y estaba esperanzada con el reencuentro entre ambos. Lo último que comentó a su marido, antes de la despedida, refería a no apurar el retorno y permitir que el amor prevaleciera sobre el ego. 

José no había tenido una infancia y adolescencia fácil en lo afectivo. Hijo único de un padre con un carácter de pocas pulgas, la convivencia durante mucho tiempo estuvo reducida a la estancia en silencio, al lado que alguien que se levantaba y acostaba con el ceño fruncido y que no emitía palabra alguna durante el transcurso de la jornada. Los pocos intentos de diálogo del vástago terminaban en preguntas sin respuestas o daban pie a furibundas discusiones. A comienzos de la juventud, el cuadro se hizo insostenible y fue al retorno de un viaje con amigos que Pepe, sin demasiadas explicaciones, simplemente agregó algunos bienes personales extra a la mochila y partió hacia su lugar en el mundo. Desde entonces, las comunicaciones entre padre e hijo fueron esporádicas y con el paso del tiempo, cada vez más distantes y menos profundas. 

Don Antonio, producto de una personalidad irascible y de poco respeto al sentido de la autoridad, había pasado por varias profesiones a lo largo de la vida. Transitó la milicia, aunque la rigidez del sistema le llevó a solicitar la baja. Aquí no se tiene en cuenta el fenomenal intercambio de golpes con un sargento que le valió la prisión durante un buen tiempo y una vez libre, el ofrecimiento para integrar un cuerpo de comandos. Consideró que la experiencia había concluido y presentó la renuncia. De manera independiente, trabajó como guardaespaldas, personal de seguridad y chofer. Cuando decidió con su esposa abandonar el estrés de la vida en el centro y trasladarse hacia la periferia de la gran ciudad, se dedicó a lo que era una verdadera pasión secreta y abrió un taller mecánico especializado en reparaciones hidráulicas. Así transcurrió el resto de su existencia laboral, hasta el reciente retiro. De allí José, quizás, heredara en parte, su gusto por la acción y la habilidad para el manejo de lo relacionado con los fierros. 

El chatarrero se mantenía impertérrito en su silencio y Don Antonio estaba comenzando a experimentar el sufrimiento que otrora ocasionara en su hijo… 

► II ◄  

El padre no la tenía fácil pero no cesaba en su intento de acercarse. Llegar hasta donde se encontraba emocionalmente no había sido una tarea sencilla y era consciente que, si no perseveraba, era muy probable que se retirara con las manos vacías y eso podía significar perder definitivamente al vástago, algo que no estaba dispuesto a tolerar. Demasiado dolor había causado para ambos ya, el tiempo distanciados.

El primer cruce de palabras llegó cuando Don Antonio se aproximó a un chatarrero verdaderamente ofuscado, por no poder terminar de acomodar una pieza en la transmisión del Depecero. Pepe no perdía la paciencia con rapidez cuando se trataba de algo relacionado con el amado cacharro, pero después de varios intentos infructuosos de querer ubicarla como correspondía, los insultos y herramientas volando por los aires, denotaban que estaba alcanzando el límite de la propia tolerancia. Don Antonio, que se mantenía en silencio y observando desde una prudencial distancia, tomó un juego de pinzas, se acercó donde Pepe y se las extendió dando un par de indicaciones. Momentos después, todo estaba en su lugar y un José, bastante cubierto de mugre, pronunció un casi imperceptible “Gracias”. 

El chatarrero todavía presentaba secuelas de la última y explosiva experiencia. Arrastraba por momentos una de las piernas y la mano correspondiente, no siempre obedecía como se esperaba. Una tarde, Don Antonio se encontraba contemplando con indisimulado interés un componente de una pieza de artillería. José se acercó a su lado y expresó:

- “Es el mecanismo que efectúa el disparo y está combinado con el que facilita la expulsión de la vaina, de un obús de la primera contienda. A pesar sus años, funciona a la perfección. Un entendido pagaría una pequeña fortuna por poseerlo.”

- “El estado de conservación es impecable. Además, o nunca se usó o tuvo pocas intervenciones. No tiene marca alguna y menos, señales de desgaste. Eso lo hace bastante único y obviamente, muy codiciable.”, respondió Don Antonio, sin quitar la vista de la preciada reliquia;

- “¿Una cerveza?, sugirió José;

- “Por favor”, respondió Don Antonio, al tiempo que se secara con el dorso de la mano, la empapada frente, producto del abundante sudor. 

Las primeras conversaciones fueron de corta duración y triviales. No obstante, con los días, comenzaron a ganar en extensión y profundidad. Al final y durante varias consecutivas, hubo gritos, insultos, frases cortantes y silencios abruptos. Cuando todo estuvo dicho, José sintió que debía tomar profundas determinaciones relacionadas con el perdón y poder seguir adelante o decidirse por no hacerlo y, en cualquier caso, asumir las consecuencias de ello. Un profundo abrazo entre padre e hijo, acompañando de abundantes y liberadoras lágrimas, permiten conjeturar con certeza sobre el camino afectivo elegido. 

Los días siguientes transcurrieron de una manera absolutamente distinta a los transitados. Don Antonio y su hijo no paraban de intercambiar experiencias y así el primero, pudo hacerse una idea bastante completa de lo que significa aventurarse en el mar de arena. 

El pedido llegó casi cuando Don Antonio estaba a punto de iniciar el viaje de retorno. Un cliente, interesado en el mecanismo de disparo y extracción, solicitó como complemento, la parte del obús donde encajaba el mismo. Por suerte, se trataba de un modelo común y abundante entre los restos y, además, teniendo en cuenta el momento del año, era muy probable que todavía estuvieran expuestos. El Depecero podía lidiar sin inconvenientes con el traslado. José aceptó el encargo y jugaba en su cabeza con la idea de invitar a su padre. Se trataba de una expedición accesible y de corta duración, de no mediar demasiados inconvenientes.

- “Siento que tengo que decirlo, pero no estoy demasiado convencido al hacerlo. ¿Quieres venir?”, expresó Pepe, de manera dubitativa;

- “¡Pensé que nunca ibas a pedirlo!, respondió de inmediato, un fascinado Don Antonio. 

Dos días más tarde, un padre emocionado y un hijo feliz, aunque con un dejo de preocupación, comenzaban a transitar entre las incontables dunas que se desparramaban hasta el horizonte...

 ► III ◄ 

Con las primeras luces del tercer día de iniciado el periplo, la pareja se encontraba trabajando a brazo partido queriendo terminar de liberar de la arena, la porción de la pieza de artillería deseada. Tal cual había previsto Pepe, los restos de varios obuses se encontraban parcialmente exhibidos y esto había permitido seleccionar al que mejor estado mostraba. 

Retirada la arena, comenzó el corte de los gruesos pernos y demás piezas estructurales. Al ritmo actual, se llegaría al final de la tarea con el sol absolutamente insoportable y a pesar de la posibilidad de desplegar una protección y continuar, la edad de Don Antonio, a pesar de su vitalidad y entusiasmo, aconsejaba detenerse para tomar un respiro. Así lo hicieron. Con las últimas horas de luz, el material buscado estaba izado y convenientemente amarrado para iniciar el retorno. 

El primer disparo impactó a una distancia propicia y absurda a la vez. De ahí en más, la cadencia se hizo casi ininterrumpida. Era evidente que se trataba de nóveles bandoleros haciendo sus primeros intentos, tirando desde una prudencial distancia, pero sin la puntería requerida. Todo jugaba a favor de la dupla en cuanto a la seguridad, pero confiarse demasiado no era aconsejable. La posibilidad de que un impacto fuera certero existía, entre tanta balacera. Mientras José corría en busca de refugio, gritó a su padre que hiciera lo suyo. Grande fue su sorpresa cuando observó que Don Antonio no solo ya estaba a cubierto sino que, además, a punto de efectuar la primera y explosiva respuesta con uno de los rifles que transportaba el Depecero. Bastaron una ronda de sus certeros disparos para que el ataque cesara por completo. O había ocasionado bajas por muertes o heridas o había impactado de manera tal, que avisaba del profesionalismo de quien respondía. 

Lo cierto es que pudieron concluir con las tareas dentro de lo previsto producto de la muy poca demora del incidente e iniciaron la vuelta. El viaje se prolongó hasta altas horas de la fría noche, momento en que fue alcanzado un pequeño y ansiado surgente de agua. Allí pernoctaron. Dos días después, arribaron a destino sin mayores novedades que las esperables, en cuanto a un par de pinchaduras y roturas menores. Una semana después, el cliente plenamente satisfecho, se retiraba con un cuerpo de obús correctamente presentado, aunque incapaz de realizar una descarga. 

José y Don Antonio se fundieron en un conmovedor abrazo que se prolongó hasta que la puerta del autobús se abrió frente a ambos. Se separaron con lágrimas en los ojos, Don Antonio hizo su ascenso y rápidamente volvió a cerrarse. El aire acondicionado y las miradas de desaprobación de quienes se encontraban en su interior, así lo exigían. La unidad se puso en marcha, breves instantes después. 

José mantenía su inundada mirada en la carretera, aun cuando la imagen del transporte se había desvanecido hacía un tiempo...

domingo, 26 de mayo de 2024

 

Traslado

Ataques I y II 

Pocos pasajeros aguardaban en el andén. Era el viaje nocturno y una época del año en la cual, la cantidad de viajeros se reducía de manera notable, en comparación con las festividades. Un par de trompetazos a cierta distancia anunciaban el inminente arribo del reducido convoy, en el horario establecido. Las puertas del depósito de la estación ferroviaria se abrieron de par en par y el pesado carretón que transportaba al imponente féretro, comenzó a moverse hacia el exterior. Detenido y más allá de su significado, era imposible dejar de apreciar sus exquisitos detalles. El ébano de intenso brillo, la ausencia de marcas y lo formidable de sus herrajes, hablaban de una pieza de elevado valor y minucioso mantenimiento. Si se prestaba una detallada atención, era posible apreciar en uno de los bordes, una firma, lo cual confirmaba la hechura artesanal del mismo. 

El tren detuvo su marcha y comenzó el descenso de un reducido número de pasajeros. Durante la espera, un local, que aguardaba su turno para subir, contemplaba como el cajón era izado con sumo cuidado. Llamaba la atención el aspecto de quienes realizaban la tarea, visiblemente alejado del propio del ambiente. Para completar lo inédito, los graznidos de un grupo de cuervos, cuya presencia en esa época del año era improbable, coronaban el momento. Un golpe de campana, el agudo sonido de un silbato y un par de nuevos trompetazos, indicaban la inminente reanudación del movimiento. 

Fue encontrado en un estado lamentable, tirado a unos metros de las vías del tren, por dos ocasionales ciclistas. Vestía el atuendo propio de quien controla los tickets y está a cargo de la seguridad, a bordo del tren. Presentaba heridas de todo tipo, la probable fractura de ambas piernas y en estado de inconsciencia. A pesar de todos los intentos médicos posteriores, nunca logró recuperar de manera completa la lucidez. Cuando lograba momentáneas mejorías, se lo oía murmurar con dificultad y de manera repetitiva: “Algo se mueve… en el cajón.” 

El tren fue encontrado detenido a pocos kilómetros por delante del suceso anterior. De alguna manera, jamás aclarada de forma definitiva, el sistema de frenado de emergencia había sido activado. Cuando los integrantes de los equipos de auxilio ingresaron, algunos miembros fueron retirados de inmediato, producto de la alteración emocional que manifestaban. La atrocidad general presente trascendía todo lo racionalmente comprensible. 

Estimado lector, el siguiente párrafo puede contener expresiones que afecten a la sensibilidad:

Cuerpos salvajemente mutilados y con signos de antropofagia o dicho de un modo más corriente, canibalismo; vísceras arrancadas, esparcidas al azar o algunas, formando pequeñas pirámides y la sangre, distribuida en salpicaduras o verdaderas lagunas, integraban un escenario que pocos lograban soportar.  

La formación, una vez retirada, permaneció aislada hasta que concluyeron las exhaustivas pericias. La versión oficial daba cuenta de un descarrilamiento en una zona de alta velocidad, producto de una falla mecánica. La violencia del impacto había provocado cuantiosos daños materiales, incluidos los cuerpos de las víctimas. Los últimos tuvieron que ser reconstruidos antes de ser entregados a sus deudos. Las conclusiones reales establecieron un ataque grupal y de corta duración, ejecutado por algún tipo indefinido de bestia. Las escasas muestras de pelo, saliva, fragmentos de uña y de piezas óseas, no arrojaron resultados concluyentes que permitieran la identificación. La agresión tuvo su inicio con algún individuo previamente oculto a bordo del convoy, que logró detenerlo y a partir de allí, se sumó el resto. En relación a lo material, nada había sido violentado y de acuerdo a los manifiestos de la compañía, tampoco sustraído. Lo único que llamaba la atención, fueron unas marcas en el piso del furgón de mercaderías, que determinaban que un objeto pesado había sido recientemente arrastrado y sobre el cual no había, referencias de ninguna clase. 

Un nuevo ataque se registró meses después, en una estación ferroviaria vecina. Sus características similares permitieron repetir el modus operandi. Ausencia de cámaras, controles reducidos y una mínima cantidad de personas en movimiento, favorecieron nuevamente a los agresores. La única novedad fue la presencia de un testigo casual que observó desde afuera de la terminal, el movimiento parcial del féretro. Las autoridades, buscando evitar pánico y sospechas, anunciaron una suspensión parcial de los servicios ferroviarios, hasta asegurar que todo el material rodante se encontrara en perfectas condiciones. 

Revelación 

El joven arribó a la estación de buses durante las primeras horas de la mañana. Al descender, acomodó sus lentes, ajustó las riendas de la mochila y se dirigió a paso sostenido, hacia las oficinas del municipio local. Al arribar, solicitó un turno para entrevistarse con alguna autoridad y cuando fue consultado por el motivo, dijo tener información fidedigna sobre el origen de las masacres. Le fue otorgada una cita para el día siguiente, a primera hora. 

– “Se trata de criaturas antropomórficas y practicantes del canibalismo, aunque dudo que se alimenten únicamente de carne humana”, dijo el joven sin titubeos. El secretario de gobierno se debatía entre la estupefacción y las ganas de poner de patitas en la calle a quién tenía enfrente, después de oír lo anterior.

– “Estoy consciente que suena a imaginación pura pero algunos hechos parecen confirmar dicha hipótesis. Soy bioquímico y formé parte del equipo que analizó las escasas muestras obtenidas durante ambas pericias. La evidencia, sobre todo genética, muestra una variabilidad tal de genes, que permite arribar a la conclusión anterior. Como ejemplo de esa dispersión son las mordidas, comparables por sus características a la de los cánidos, como lobos o perros”, expresó esta vez el visitante, mientras sostenía la mirada en su interlocutor;

– “Este poblado linda con una de las formaciones boscosas con porciones vírgenes, más extensa del país. Supongo que aún hoy, debe contener sectores poco frecuentados, por no decir directamente, inexplorados. ¿Estoy en lo cierto, verdad?”, volvió a expresarse y permaneció en silencio, aguardando la respuesta;

– “Es así”, respondió de manera escueta, el secretario e inmediatamente agregó:

– “Realmente, me resulta inaudito todo lo que plantea. De acuerdo a eso, supongo, hablaríamos de seres que habitan de manera aislada en lo profundo de la foresta y que, por algún motivo, han decidido atacar a los humanos. Es evidente que no se trata de un grupo de brutos improvisados debido a la estrategia que emplean para su cometido. Debo agregar que algunos cazadores locales han comentado el haber escuchado sonidos poco habituales como gruñidos o rotura de ramas durante las excursiones y hasta hubo un par que manifestaron, encontrarse con restos de ciervos e incluso de un oso, con un grado de descuartizamiento nada habitual.”, completó el local y esta vez, con tono apesadumbrado;

– “Si nos atenemos a la lógica, todo lo dicho puede reducirse a una hipótesis fantástica. De hecho, soy el único del grupo de trabajo que se anima a admitirlo en voz alta. Otros también lo comparten, pero el temor al ridículo puede más. La evidencia es escueta, pero de alguna manera, permite descartar a grupos de fanáticos ligados a prácticas oscuras o terroristas queriendo llamar la atención. Tengo entendido que por allí van las líneas de investigación de los organismos de seguridad nacionales. Aunque inverosímil, la causa real parece ser el tema que tratamos”; exclamó el joven, mientras repasaba el vidrio de sus lentes con un pañuelo descartable;

– “Lamentablemente, no es mucho lo que, como gobierno local, podamos hacer. Nuestros recursos son extremadamente limitados al respecto. Lo único factible que se me ocurre es una reunión con el jefe de la policía y pedirle que preste atención a situaciones no comunes o insólitas, como las proclamadas por los cazadores, por ejemplo.”, se sinceró el administrativo. “Y rogar que lo vivido no vuelva a repetirse. Las consecuencias van a perdurar durante mucho tiempo.”, sentenció con voz afligida;

– “Me solidarizo con los afectados. A modo de acompañamiento, sentí que tenía el deber de acercarme y transmitir lo que considero válido. Le dejo mi tarjeta, en caso de ser necesario. Gracias por recibirme y sobretodo, escucharme. No es algo sencillo, dado el contexto.”; finalizó el joven y poniéndose de pie, extendió su mano al funcionario, que inmediatamente correspondió con el gesto.   

Días más tarde, fue noticia en la región, el hallazgo del cuerpo de un ricachón fallecido y que se encontraba desaparecido desde hacía buen tiempo. Sus familiares habían denunciado la desaparición del panteón hacía meses. Lo grotesco y que daba espectacularidad a la noticia de la recuperación, era la falta del féretro que lo contenía, hecho a medida en la capital provincial, por un conocido artesano.

Ataque III 

El teléfono no paraba de sonar en la mochila archivada en el gabinete del joven bioquímico. Al finalizar el turno de trabajo y pasar por ella para retirarse, comprobó el estado del dispositivo y observó con asombro, la cantidad casi interminable de intentos de comunicación. El número le resultaba desconocido pero el total de insistencias lo llevó a responder. Se trataba del secretario de gobierno al que visitara hacía unos meses atrás, cuando dio a conocer su teoría sobre los autores de las atroces masacres. 

– “¡Hemos sufrido una nueva agresión!”, se escuchó de manera desesperada al otro lado de la línea;

– “¿Qué ha ocurrido esta vez?”, consultó el profesional con marcada preocupación;

– “Dos noches atrás, un grupo de propiedades, lindantes con las últimas formaciones boscosas, fueron asaltadas. Tenemos tres familias literalmente destrozadas. El cuadro es comparable con lo experimentado en los ferrocarriles.”, explicó casi sollozando el funcionario;

–  “No sabía nada al respecto. No hay referencias ni en las redes ni noticieros.”, comentó el bioquímico;

– “Se había acordado mantener oficialmente silencio aunque ya es imposible evitar la trascendencia. Han empezado a llegar consultas de los grandes medios. “, indicó el secretario;

– “¿Y qué puedo hacer yo?”, manifestó el joven;

– “Parece que hay hallazgos que da solidez a su teoría. Vecinos oyeron, además de gritos y algún disparo, onomatopeyas comparables a gruñidos y ladridos. Fueron observadas figuras que a la distancia parecían personas, aunque sin ropas. Un par de pisadas muestran dedos provistos casi de garras.”, indicó con cierta euforia el gobernante;

De nuevo instalado en la conmocionada población, el científico se explayó con información reciente.

– “Son organismos vivos y completamente mortales, a pesar de las semejanzas con seres fantásticos como los licántropos. Es muy probable que presenten una fuerza promedio mayor, producto de la oferta genética. Las muestras, comparadas con el banco de genes del área de Zoología de la Universidad, evidencian ciertas compatibilidades con zorros y mayormente, lobos. Cuál es el origen, hasta el momento, es una incógnita.”;

– “Tal vez hayan sido empujados por el hambre a realizar los ataques. La presión de la cacería sobre los grandes mamíferos que habitan el bosque, se ha incrementado casi sin control durante los últimos tiempos y por ende, las excursiones cada vez más profundas en su búsqueda. Es constante el aumento, año tras año, de las licencias de caza otorgadas.”, manifestó el secretario;

– “Es un punto de vista interesante, aunque seguro, no el único.”, complementó el bioquímico. “Si pudiéramos atrapar un ejemplar con vida, obtendríamos información valiosa y tal vez, una forma eficaz para tratarlos.”, agregó;

– “Eso último lo veo muy complejo. Los dos grupos de elite que se lanzaron inmediatamente tras sus pasos fueron atacados y ambos regresaron con bajas y heridos diversos. Los sobrevivientes quedaron impactados por la habilidad extraordinaria para ocultarse, la rapidez de los movimientos y la violencia irracional con la que proceden. Y para hacer todo más complejo aún, un noticiero sensacionalista insta a la destrucción total del medio, quemándolo, mediante bombardeos, hasta la raíz”, señaló con pesadumbre el secretario y finalizó con lo siguiente: “Si mal no recuerdo, durante las declaraciones, uno de los combatientes aseguró haber malherido a uno de los seres”;

– “Si no ha muerto y lo han abandonado, esa sería el blanco a perseguir.”, remarcó con gran interés el científico.

A la madrugada siguiente, una partida fuertemente pertrechada que incluía al investigador, partía con la intención de recuperar al agresor lesionado. 

Encuentro 

Tras una marcha tortuosa de varias horas, los signos de un herido, siendo trasladado, comenzaron a visualizarse. Las huellas hacían suponer a un grupo de cuatro seres que arrastraban y por momentos, alzaban, al sufriente. Empujada por la sed de revancha, la persecución ganó nuevos bríos. Tras avanzar a una velocidad cercana al desfallecimiento, se cumplió el objetivo. 

Se trataba, de acuerdo a las evidencias, de cuadro individuos jóvenes que desplazaban a un agonizante adulto. Cuando la presencia de los persecutores fue advertida, depositaron al trasladado suavemente en el suelo y se lanzaron de manera inconsciente sobre ellos. 

Todo lo supuesto y observado sobre ellos se cumplía al ciento por ciento. El desprecio total por su existencia y la del contrincante, fuerza y agilidad prodigiosa y una capacidad de absorción a los disparos muy superior al ser humano, los convertía en enemigos muy de temer. Tal es así, que la primera línea de combatientes fue atravesada sin demasiados obstáculos, a pesar de las múltiples heridas que soportaban. Uno de ellos arremetió contra un extenuado, horrorizado y fascinado científico. Este no portaba un arma de fuego dado que no sabría qué hacer con ella, pero sí una de electrochoque, algo considerado bastante inútil en esta clase de empresas. Sin embargo, el resultado obtenido después de su disparo, fue mucho mayor que el esperado. El fenómeno cayó fulminado casi en el lugar donde fue alcanzado por el impacto de los dardos. Los tres restantes fueron contenidos a fuerza de heridos y bajas mientras el arma se recargaba. Cuando el último fue abatido, la adrenalina de los combatientes hizo que tres de los cuerpos recibieran duras golpizas producto de patadas y culatazos. Solo uno de ellos estuvo a salvo, gracias a los pedidos a gritos del bioquímico. También logró que ayudaran en su desplazamiento para realizar los estudios correspondientes. A todo esto, el herido, objeto inicial de la búsqueda, terminó perdiendo la vida en el ínterin de la lucha.

Sucesivas excursiones, donde la estrella fue el equipamiento con unidades eléctricas, permitieron, según los protagonistas, exterminar completamente al enemigo y sin sufrir prácticamente rasguños. 

Revelación final 

El científico se encontraba realmente extasiado ante la investigación de un organismo completamente desconocido. Exteriormente, era posible observar las diferencias con el aspecto humano. Las mandíbulas estaban levemente proyectadas y la dentición era marcadamente carnívora, los pabellones auditivos y la nariz evidenciaban rasgos lobunos, el vello corporal era más abundante y de mayor grosor, glándulas sudoríparas y sebáceas con una gran actividad, lo que producía un olor penetrante por la descomposición del abundante sudor y una mayor grasitud, respectivamente. Los dedos de manos y pies exhibían prácticamente garras, la bolsa escrotal estaba ausente (¿gónadas escondidos?) y el pene era minúsculo, reducido aparentemente, a la función de orinar. 

Al comenzar con la introspección, la piel demostró una consistencia coriácea, muy inervada e irrigada. La alta densidad nerviosa permitía explicar la hipersensibilidad a la electricidad y el efecto devastador de una descarga elevada. La estructura ósea mostraba huesos livianos y notables refuerzos en zonas de protección de órganos vitales. La musculatura en general, rezumaba eficiencia organizativa y funcional. La mayor absorción a los disparos y su reducido posterior sangrado tenía su fundamento. Glándulas como las suprarrenales y la tiroidea, hipertrofiadas, hablaban de un metabolismo general incrementado y por lo tanto, de una mayor producción de calor y la necesidad de alimentarse con mayor frecuencia y abundancia. Lo más extraño era la presencia de un par de testículos internos casi atrofiados, incapaces de producir células reproductivas, pero con una intensa actividad endocrina. Se trataba básicamente de organismos estériles. Pero entonces, ¿cuál era su origen? 

Al alcanzar el nivel de análisis molecular y genético, ciertas biomoléculas conocidas presentaban variantes más activas y a nivel cromosómico, estaba presente la cantidad de pares propias de la especie humana y en el sexual, el que define al macho. Nuevamente entonces, ¿de dónde provenían? 

Con el paso de los días, los individuos masculinos del grupo de investigación comenzaron a mostrar comportamientos inusuales, que gradualmente se fueron intensificando. Conducta cada vez menos tolerante, preferencia por una dieta con cantidades crecientes de carne, mayor torpeza para el habla y el pensamiento complejo, eran claros ejemplos. 

El joven bioquímico, consciente de lo que experimentaba, intentaba mantener la calma y el enfoque sobre la causa de todo ello. Una mañana, entre crecientes dolores generalizados, creyó encontrar una posible explicación. Con el paso de los días, las medidas de bioseguridad para la manipulación de las muestras se fueron relajando y era probable que los restos desprendieran algún agente microscópico como un virus, por ejemplo, capaz de alterar al genoma del varón. Había que confirmarlo con pruebas. 

Esperaba encontrarse a tiempo para comunicarlo, dado el mayor impulso instintivo a dar gruñidos, que a pronunciar palabras.