El pesado bombardero, una verdadera pieza de museo volante, aterrizó con suavidad. Momentos después detuvo su rodaje, en el espacio asignado para ser exhibido en el festival aéreo del día siguiente. Uno a uno, los poderosos motores detuvieron la marcha. La pareja de pilotos no demoró demasiado en abandonar el aparato. Quedaría en el lugar un par de días, para luego continuar con el derrotero previsto. El viaje forma parte del recordatorio sobre el final de la Gran Guerra, acontecido siete décadas atrás. Los destinos visitados por la aeronave, se corresponden con la procedencia de las distintas tripulaciones que participaron del conflicto y que tienen personal sobreviviente. John y sus ochenta y nueve jóvenes años, representa a uno de ellos. Con apenas diecisiete, tuvo el bautismo de fuego. La experiencia fue trágica, regresando a tierra con dos compañeros muertos y daños considerables en la estructura del pájaro. Los meses subsiguientes, se convirtieron en los más intensos del resto de su existencia.
La invitación como personal distinguido arribó con la suficiente antelación y eso, no había hecho más que agregar tiempo, a la confrontación interna sobre asistir o no. Jamás se percibió como un héroe ni reclamó algún tipo de reconocimiento o excepción. La duda proviene, en realidad, sobre su posible reacción emocional frente al avión. El abultado paso del tiempo no consiguió amortiguar lo suficiente, la intensidad de lo protagonizado. Las impresiones han resultado muy difíciles de sanar y cree que solo ha aprendido a convivir con ellas.
La noche anterior al suceso, se repitió una antigua pesadilla. El avance de las tropas aliadas estaba estancado en el frente occidental de la ciudad capital. La línea defensiva contaba con los últimos recursos bélicos y las acciones eran desesperadas. Propios y oponentes reconocían que la caída del sitio constituía la abolición del régimen y con ello, el fin de la guerra. Cada metro era disputado sin el ahorro de esfuerzos ni vidas. Para horror de los atacantes, el número de niños y ancianos presentes entre los caídos, era cada vez mayor. Como una forma de acelerar la victoria, se decidió bombardear las reservas de los defensores y ello implicaba tener que atravesar una verdadera muralla de fuego antiaéreo y repeler la constante agresión de los cazas enemigos. En el momento de la embestida e intentando dividir la atención, se producirían múltiples ataques en tierra. Los escuadrones de bombarderos despegarían durante las últimas horas de la noche, apostando a la molestia visual de los adversarios al momento de alcanzar sus posiciones, producto de la salida del sol.
Todo fue un maldito infierno. Uno a uno, los aviones caían, víctimas de la metralla y las explosiones. Tripulaciones enteras terminaron envueltas por las llamas y precipitándose sin ningún tipo de control. Quienes consiguieron sobrevivir, iniciaron de inmediato, la terrorífica tarea. Los puntos fijados como blancos empezaron a estallar, tras el impacto de la torrencial descarga de toda clase de bombas. El número final de aeronaves que lograron concluir el diagrama completo, fue reducido. El precio demandado en vidas y aparatos, fue descomunal. Un desastre de semejantes proporciones, no estaba contemplado ni en las estimaciones más pesimistas. El anciano se despertó con un elevado nivel de agitación, repetido en todas las ocasiones donde las perturbadoras imágenes se terminaban apoderando de los sueños.
A media mañana, sonó el teléfono. El tiempo de espera para confirmar la asistencia había concluido y era necesario dar a conocer la respuesta. El viejo combatiente escuchó el requerimiento y permaneció en silencio.
El ambiente está invadido por la música, voces retumbando por las gigantescas bocinas y el sonido más o menos grave de los motores que impulsan las diferentes aeronaves. La multitud no deja de elevar la vista hacia los cielos, contemplando las pasadas y los shows acrobáticos. La captura de imágenes y la generación de videos mediante los móviles, es incesante. En medio de la algarabía generalizada, un octogenario héroe de guerra avanza sin distracciones, hacia al encuentro de un antiguo compañero de tragedias, honor y patriotismo.