miércoles, 1 de octubre de 2025

 

Sentimientos.. 

Se encontraba de rodillas, con las palmas de las manos descansando sobre los muslos y el mentón próximo a la base del cuello. La respiración, todavía agitada, recuperaba lentamente la cadencia regular. La batalla se había detenido hacía un tiempo y salir de su frenesí no es tarea simple. Algunos permanecen tan enardecidos que persisten apuñalando cadáveres; otros caen en llantos tan prolongados que parecen no tener consuelo y están quienes emprender carreras tan locas, que es imposible presagiar su destino..

La conclusión del enfrentamiento no tuvo un aviso único. Comenzó rebotando de garganta en garganta, en forma de gritos aislados, luego, con menos volumen y a modo de consulta entre los cercanos y por último, el definitivo, coronado por los vítores de los vencedores y el alivio de todos los contendientes..

"Qué distantes quedan los discursos encendidos, las arengas y promesas de victoria fácil, ensalzados en reuniones de salón y mitines de taberna!!", pensó. Todo eso que entusiasma, enardece y predispone a la marcha, queda inerte cuando se intenta sobrevivir, inmerso en la brutalidad del combate, cuando todo lo que rodea no es más que salvajismo en su estado más sublime. En muchas ocasiones, la heroicidad, si es que ha estado presente, puede llegar a ser vista cuando se toma un algo de distancia. El límite entre lo bueno y lo malo, recluido a la subjetividad, abre las compuertas al intento de querer justificar toda clase de atropellos..

El silencio que impera por momentos, desencaja. Tableteos, explosiones y alaridos de toda especie, han inundado la atmósfera durante tantas jornadas, que la no percepción parece aturdir más que su propia existencia. Pese a ello, se agradece de un modo infinito, que hayan concluido. Sin embargo, cuando han calado demasiado en las profundidades de ciertos individuos, su apagado final puede resultar imposible, cada instante tornarse un verdadero infierno y terminar empujando a un desenlace fatídico..

Eleva con lentitud la cabeza, manteniendo los ojos entrecerrados. Percibe estar bajo el yugo de una sed apabullante y un agotamiento sin par, cuando intenta alcanzar el recipiente relleno del vital elemento, que pende de un costado. Los primeros sorbos producen alivio y dolor, al empapar las mucosas resecas e inflamadas. Retira momentáneamente el casco y vierte el remanente sobre su cabeza, que genera una transitoria y refrescante sensación. Erguido, comienza a recorrer con la mirada el escenario terminal del desastre y después un par de cabeceos, reflejos de la no aceptación de lo devuelto, gira y se dirige hacia el puesto de mando. Todo pesa en demasía y desplazarse sobre la materia suelta de un suelo irregular y atiborrado de hoyos de todo calibre, no es tarea sencilla..

Los pies, que apenas se elevan, no cesan de protagonizar tropiezos. Ya ha intentado analizar lo vivido pero es demasiado inmediato. Imágenes y sonidos brutales se agolpan y provocan una especie de sinfonía desordenada que solo conlleva a una tenebrosa conmoción emocional. Espera que el paso del tiempo le permita obtener un algo de paz..

No da siquiera un vistazo casual, cuando es retirado de la zona del conflicto. No lo necesita. Escenas que desbordan de un dramatismo espeluznante, solo creíble para quienes estuvieron allí, persisten grabadas en sus retinas..

Mucho se ha reflexionado sobre el sentido humano de las guerras, por encima de los valores e intereses que las promueven. La inteligencia, lejos de alejar a las personas del campo de batalla, sigue encontrando mecanismos para exterminarlas a mayor velocidad..

El enfrentamiento del hombre al poderío de la máquina fue su origen y el transcurso del tiempo no ha hecho mella en su valía. Todo queda reducido, una vez alcanzado el frente, a convertirse en mera “carne de cañón”..