sábado, 30 de agosto de 2025

 

Nómades

Se trata de uno de los pocos grupos de nómades que se mantienen activos. La cantidad de personas seducidas por la vida errante es decreciente y las causas que lo explican, múltiples. El factor más importante, quizás, y el que actúa como un verdadero imán para aquellos cansados de la inseguridad, la dieta azarosa y las inclemencias naturales, es la mejora de la calidad de la vida en los asentamientos. Quienes persisten con este estilo de vida es porque permanecen fieles a sus ideales, en especial, aquel que considera a la permanencia en los espacios abiertos como sinónimo de libertad.

El origen de los trashumantes se remonta a las secuelas del último gran conflicto mundial, caracterizado por las dimensiones que siempre se temió, pudiera alcanzar. Países enteros fueron arrasados y reducidos a ruinas lamentables. Hambrunas y epidemias posteriores hicieron el resto. La humanidad sobreviviente, pese a no haber descendido a una etapa de la evolución comparable a la Edad de Piedra, soportó un retroceso histórico aberrante. Las ciencias más avanzadas literalmente se esfumaron y otras, producto de conocimientos y tecnologías truncos, volvieron a sus albores. Las leyes más básicas de la socialización comenzaron a imperar y la existencia sólo estuvo reservada, durante un buen tiempo, a los más fuertes.

Por decantación natural, quienes convivían según los principios más radicales, fueron los primeros en extinguirse. Los sucedieron, luego, algunos de los más poderosos, gracias a la salvaje competencia entre sí y auxiliada, en gran medida, por la traición interna, exógena y màs grave todavía, ambas. A la par, la vida en comunidad comenzó a tomar nuevo impulso y con ello, se revitalizaron las ciencias, las artes, el comercio y todo lo aparejado. Al aumentar la satisfacción de toda clase de necesidades, entre ellas, la protección individual y colectiva, se incrementaron los nacimientos y la longevidad. Poco a poco, el ser urbano ganó más protagonismo, en detrimento del deambulante.

El grupo ha quedado reducido a una veintena de individuos jóvenes. El último viejo que formaba parte, había sido cremado unas semanas antes, en una sentida ceremonia. Algunos conforman parejas y los restantes, no parecen interesados en el tema. En caso de amenazas, varones y mujeres exhiben la misma ferocidad, pero con las variantes propias del género. En los primeros predomina la fuerza y en las segundas, la resistencia. Sobreviven a base de recolección y caza.

Un detalle a destacar de las condiciones ambientales presentes, refiere a la inexistencia de organismos naturales peligrosos, surgidos a partir de la radiación resultante de los bombardeos. Aquellos que no la pudieron tolerar, simplemente perecieron y los que tuvieron éxito, transmitieron alteraciones nada representativas, que se disiparon en pocas generaciones.

Se mueven de una manera cíclica, siguiendo el transcurso de las estaciones. Las rutas recorridas pueden variar dentro de un cierto margen y son conscientes de los riesgos que el desplazamiento actual implica. Ubicado en el extremo norte del tránsito habitual, expone a lo peor del clima. El continuo mal tiempo ha originado interminables lodazales y dispersado a las manadas que brindan el sustento. Buscar el acceso màs al sur, genera una proximidad no deseada con los sedentarios y nunca jamás, de los encuentros entre los plácidos citadinos y los díscolos errantes, según la respectiva visión de uno y otro lado, emergieron buenos resultados.

La tormenta castigaba de un modo impiadoso y la necesidad de arribar a un refugio, se tornó imperiosa. Entre generosos copos que no paraban de alimentar el creciente manto de un blanco inmaculado y un gélido viento que parecía querer arrancar la piel con cada ráfaga, alcanzaron la abandona construcción. Mientras unos cerraban con lo que estaba a su alcance las aberturas, otros acumulaban todo aquello que pudiera usarse como combustible. Concluido lo uno y lo otro,  recuperar el aliento en torno al fuego salvador, fue premisa urgente para los recién llegados.

La nieve no cesaba de acumularse y el tiempo de encierro se prolongó, sin ninguna clase de certeza sobre su conclusión. Los alimentos transportados disminuyeron en forma acelerada. La juventud y las bajas temperaturas empujaban a un consumo abundante. Pronto, la necesidad de racionar las porciones se hizo evidente y después de algunas semanas, todo lo consumible se había agotado.

El sonido procedente de la planta baja era tan inusual que los ubicados en la planta superior, comenzaron a descender. La atrocidad tan manifiesta paralizó, a quienes irrumpieron en la escena. Porciones del cuerpo de un compañero, era brutalmente disputado por sus famélicos acompañantes. Instantes después, la locura generalizada y lo último de racionalidad desvanecido, desataron una orgía de golpes, gritos y surtidores danzantes de sangre.

La temperatura externa comenzó a elevarse y con ello, la posibilidad de recuperar la libertad de traslado. Los objetos que cubrían el acceso de la abertura principal empezaron a ser removidos. Un individuo maloliente emergió a la luz. Su mirada vacía, transmitía un primitivismo reducido a su estadio màs básico. Sentía hambre. En el sur, las presas eran abundantes y hacia allí, orientó los pasos.