La cruz
Se trata de una modesta construcción ubicada a la vera de un camino cada vez menos frecuentado. Su existencia está rodeada de ciertas paradojas. Su imagen es una de ellas. La impresión de contar con una existencia prolongada, no se condice con el grado de deterioro esperable para tales circunstancias. El monumento descansa sobre un pedestal tan minimalista que carece de toda clase de referencias. El posible evento que motivara su emplazamiento, una fecha que brindara algún testimonio o una frase propia de la liturgia cristiana, están ausentes en toda la superficie. Parece ser entonces que, simplemente, descansa allí porque ese debe ser su lugar. No hay razón que lo justifique ni tampoco alguna que dijera lo contrario.
Los memoriosos del poblado cercano recuerdan la realización de peregrinaciones que culminaban a sus pies, en determinados momentos del año. Pero eso fue ampliamente superado con el paso del tiempo. Los desplazamientos fueron tomando poco a poco, otros recorridos y en la actualidad, rodean la plaza principal o se mueven por las arterias locales. Casi nadie se acerca por allí.
Suele ofrecer sustento a la aves, sin importar su procedencia. Alguna vez, soportó la incipiente construcción de un nido. Misteriosamente, de manera precipitada, el hábil salvaje, necesitado de espacio propio, desistió de sus intenciones y las primeras muestras de su obra, desaparecieron sin dejar rastro. La maleza no logra avanzar en sus proximidades. Una verdadero enjambre de hierbas entrelazada y por momentos, chucientas, parecen querer impedir el arribo de quién lo intenta. No obstante, en sus cercanías, el suelo se muestra eternamente cubierto de una recortada almohadilla de color verde intenso, sin importar el calendario.
Las flores aparecieron de un modo tan oculto como el origen mismo de la estructura. Dispuestas en un ramo de tamaño medio, descansaban tumbadas en el suelo, en contacto con la base. El arreglo, formado por una variedad de especies silvestres y exóticas y de múltiples colores, desprendía un suave cocktail de fragancias, algunas muy contrastantes entre sí. Un adicional a su sorpresiva presencia lo determina la renovación periódica, en momentos en que los ejemplares muestran deterioro. El depositante tiene, sin dudas, un compromiso con la permanente frescura de la ofrenda.
El viajero detuvo su marcha a un costado de la senda. Experimentado en un oficio que requería de largas horas de manejo, no titubeaba en transitar una alternativa que ofreciera disminuir la distancia y por ende, el tiempo invertido en recorrerla. Tampoco ignoraba las señales físicas y mentales que le indicaban la inmediatez de detenerse y tomar un respiro. Un poco de caminata y suaves ejercicios, ayudaban a la distensión muscular y a despejar, temporalmente, el embotamiento provocado por la conducción prolongada. Circunstancialmente, se encontraba a muy corta distancia de la cruz. Tras detener en ella su mirada por unos momentos, se persignó y continuó con lo suyo. Estaba dispuesto a continuar con el tránsito cuando el celular comenzó a sonar de manera insistente. Lo llevó a su oído e instantes después, estaba sumergido en una abrumadora exaltación. El comercio que visitara una y otra vez y al que siempre encontró remiso a toda clase de propuestas, esta vez, se estaba comunicando y con un marcado interés por sus ofrecimientos. Sabía lo que implicaba alcanzar un acuerdo de venta con ellos y la explosión de alegría que lo inundó fue tal, que al finalizar la llamada, descendió del vehículo y comenzó dar gritos, a la par que realizaba cortas carreras, acompañadas de saltitos. Dos vacunos que pastaban en las vecindades, levantaron sus cabezas, contemplaron por unos instantes y de manera inexpresiva el improvisado show y volvieron a lo suyo. Un segundo ramo de flores pudo observarse junto al primero, días más tarde.
La cruz no exige nada a nadie pero premia a quién opta por transitar el camino que conduce a su encuentro. El valor de lo otorgado es tan personal como la propia fe del creyente. El camino se puede recorrer en uno u otro sentido, tal es su libertad. Ella no pedirá explicaciones al que toma distancia y se alegrará cuando un ausente retorna a su cobijo.
Permanece erguida y silenciosa. Cómo proceder al enfrentarla es tan íntimo y subjetivo como la misma realidad de quien lo hace.