Y mewnfudwr (El inmigrante) II
Rhan (Parte) II
El perito y su grupo arribaron al poblado en horas del mediodía.
Buscaron alojamiento y
tras el almuerzo y en la
interacción
con los locales, manifestaron
sus intenciones.
Siendo
miembros de la comisión nacional encargada de la traza del límite
con el vecino país, permanecerían un tiempo en la zona. En esos
confines, llevar adelante tal emprendimiento exigía, además del
profesionalismo necesario y determinadas habilidades, disponer de un
espíritu de aventura y de sacrificio personal bastante elevados.
Los arribados daban suficientes muestras de contar con todo ello.
El
número de habitantes estables en la colonia, continuaba
incrementándose de manera lenta pero sostenida. Originarios de
distintas partes del país, aborígenes, extranjeros de ultramar y
del país trasandino, conformaban los mayores grupos de procedencia.
La promesa gubernamental de obtener tierras para su explotación y
propiedad, actuaba como un verdadero imán y permitía soportar todas
las penurias motivadas
por las
marcadas falencias en casi todos los aspectos. Las costumbres y
hábitos de los distintos grupos, contrastantes en
algunos casos,
generaban rispideces pero nada que empujara a situaciones límite. El
mayor inconveniente para la interacción era el lenguaje,
especialmente
para
los europeos
adultos del norte y del este. El
español se presentaba como un verdadero trabalenguas y
pronunciaban
lo que podían, impregnado
con
giros
propios de sus idiomas
de origen.
Francisco, tal el nombre del perito y un par de acompañantes, gozaban de un manejo fluido del francés y el inglés, producto de haber realizado estudios superiores en el viejo continente. Esto se convirtió en un verdadero alivio para los residentes que tenían al segundo como lengua de cuna o bien, como alternativa.
Las tareas estaban bien distribuidas entre el geógrafo y sus acompañantes. Las salidas de campo duraban entre cinco y siete días y una vez allí, realizaban mediciones, elaboraban registros y diagramaban bocetos. Al retorno, todo se pasaba en limpio. Se aprovechaban de manera especial, los momentos de lluvia persistente, que permitían una mayor estancia frente a la rústica mesa que oficiaba de escritorio, siempre sepultada bajo agobiantes parvas de papeles. El cartógrafo sacaba a relucir sus habilidades y finísimos mapas de la zona comenzaban a ver la luz.
El peón, de escasa experiencia y poco conocedor del entorno, cometió un error que casi le cuesta la vida. La probable existencia de una mascota en su hogar, jugó, quizás, a favor de la mala pasada. El cachorro de puma se mostraba dócil y excesivamente curioso. Descubierto en un claro, próximo a un arroyo de aguas saltarinas, en lugar de emprender la retirada como su hermano, se mantuvo quieto y contemplando a quienes tenía por delante. Los integrantes de la comitiva iniciaron una lenta retirada, sin quitar la vista del pequeño y los alrededores. El joven, en cambio, emprendió su recorrido en dirección a la cría, que permanecía sentada y sin titubeos. Al encontrarse próximo y con todas las intenciones de acariciarla, el diminuto felino comenzó dar agudos chillidos. Instantes después, una enorme madre enfurecida, emergía con un fenomenal salto por encima de las matas y aterrizaba sobre el desorientado agresor. Tras varios disparos al aire, gritos y revoleos de palos y piedras, se terminó alejando de su maltrecha víctima. Asistido y trasladado de manera inmediata, el desafortunado permaneció inconsciente y debatiéndose por su existencia, un buen lapso de tiempo. Finalmente, recuperó el conocimiento. Cicatrices y secuelas varias, le impedirían olvidarse jamás de lo sucedido.
El trabajo de los expertos estaba concluyendo por esos lares. El principio de altas cumbres, impulsado desde este lado de la cordillera y que consideraba a las mismas como mojones naturales para determinar la línea del límite geográfico, terminó prevaleciendo sobre el criterio de divisoria de aguas, propuesto por la nación vecina. De no haber ocurrido, vastas extensiones del territorio nacional habrían terminado cedidas. Los tramos que exigían esfuerzos particulares para su resolución y que en algunos casos, motivaron litigios y disputas judiciales, no impidieron el avance de la tarea. La separación entre ambos países era irrenunciable.
A pocos días de la partida, bruscos accesos de tos comenzaron a sacudir la humanidad de algunos participantes de la comitiva. Ello coincidió con el arribo al villorrio, de un pequeño contingente de inmigrantes galeses, desembarcados unas semanas antes, en la emergente Puerto Madryn.