viernes, 21 de marzo de 2025

 

李 (Li) II

Parte V

El notable incremento de las incursiones comerciales con origen en el imperio, terminó llamando la atención de las distantes potencias de ultramar. No era un territorio desconocido para éstas, pese a su ubicación geográfica y el aislamiento internacional autoimpuesto durante décadas. El considerable retraso que manifestaba en lo tecnológico como en el tipo de bienes que producía y la limitada disponibilidad de recursos naturales codiciados hasta ese entonces, hacían del imperio una propuesta muy poco atractiva. Sin embargo, el auge comercial generaba riqueza y esto, sin lugar a dudas, sí despertaba el interés.

La cantidad de viajeros provenientes de destinos lejanos, comenzó a incrementarse de tal manera, que era imposible no llamar la atención de un ojo entrenado. Li estuvo siempre consciente de la debilidad en la que se encontraba su tierra, frente a las capacidades foráneas. Sobre ello, había tenido más de una conversación con su amigo, el general Hao, coincidente con la apreciación. Frente a un hipotético conflicto con alguno de esos países, la derrota y el sometimiento eran seguros.

- “Tenemos veladas sospechas que entre los extranjeros se encuentran espías,” manifestó Hao a Li, durante una reunión en las oficinas del primero, en el palacio imperial.

- “Nos están llegando por distintas vías, la detección de ciertos individuos en los muelles, en las cercanías del palacio imperial y de algunas guarniciones, realizando largos avistamientos y efectuando todo tipo de preguntas. Hasta fueron encontrados los restos de un bosquejo, en donde uno de ellos estuvo presente.” prosiguió el militar en servicio.

- “Los tenemos identificados pero hasta el momento, no se han realizado detenciones. La evidencia no es lo suficientemente sólida y queremos evitar una tensión innecesaria.”

Li asintió y seguido a un breve instante de silencio, expresó: “¿Qué necesitas, amigo?”

Hao remarcó que el emperador estaba en conocimiento de todo y consideraba al tema como de alta prioridad. Le recordó, pese a la obviedad del asunto, de la total confianza hacia él, de parte del mandatario. Si estaba de acuerdo en involucrarse y como primera medida, ambos reorganizarían el limitado y corrupto servicio de inteligencia. Pasaría a responder directamente al gobernante y la persona al mando, tendría que ser muy cercana. Se propuso a un joven viceministro que daba muestras permanentes de lealtad y de compromiso con su tarea. Como parte de un abultado currículum, poseía una sólida formación académica en materia de leyes; era hijo de un retirado embajador y producto de las prolongadas estancias familiares extraterritoriales y el contacto con otras culturas, manejaba con fluidez varios idiomas. Aceptada dicha tarea, se inició la búsqueda de nuevos agentes de campo. Para ello, se tuvieron en cuenta distintas habilidades que iban desde el manejo de armas hasta conocimientos lingüísticas o la capacidad para realizar, tras muy breves lapsos de observación, descripciones detalladas. Se dio de baja, con distintas excusas, a determinados miembros activos y conformado el nuevo cuerpo, comenzaron las operaciones.

El primer objetivo impuesto fue encontrar evidencias concretas de la nefasta actividad y para ello, se acordaron seguimientos permanentes de los sospechosos, el ingreso y búsqueda de pruebas en los lugares donde habitaban, durante las ausencias, etc. El material que se fue reuniendo puso de manifiesto, la inequívoca complicidad local en la trama. Los acontecimientos se precipitaron cuando, producto del descuido, se dispararon las alarmas en el individuo observado. Rápidamente, alertó a sus compañeros, mientras destruía todo aquello que implicara una conexión con su verdadera tarea. La red estaba integrada por profesionales, que se dieron a la fuga por diferentes vías. Lo que no pudo ser convenientemente desaparecido, era portado para una posterior ejecución.

Cuando todo parecía perdido, consecuencia de la rapidez en el proceder de unos y del desconcierto en los otros, la suerte concluyó en favor del imperio. El carruaje que se dirigía a un muelle distante y transportando a una joven pareja en intencionada huida, sufrió una rotura que posibilitó la detención de ambos. El hallazgo, entre sus pertenencias, de documentación reveladora, permitió arrojar luz sobre las verdaderas intenciones de la trama, que incluía el sabotaje a instalaciones locales y navíos, listas con posibles sujetos sobornables, etc.

En los días subsiguientes y luego de una serie de hechos que concluyeron con la desarticulación definitiva del entramado, dos prestigiosos comerciantes fueron encontrados sin vida, en circunstancias poco claras. Ambos tenían fuertes intereses económicos comprometidos gracias al auge comercial y era evidente su intención de querer ralearlo a cualquier precio. Nada importaba para conseguirlo, incluso la tranza con la conveniencia extranjera, si era necesario.

La relación formal entre el imperio y el sitio de procedencia de los agentes detenidos era inexistente. Se expresaron las quejas habituales para estos menesteres y se mantuvo tras las rejas a los apresados. Aunque los resultados finales de la pesquisa no demostraban a las claras, la injerencia del poder político y militar extranjero en la maniobra, sería inocente suponer que no era así.

Tal vez los prisioneros podrían intercambiarse, en un futuro no muy lejano.