李 (Li) II
Parte II
Han pasado casi tres años de la finalización del conflicto entre el imperio y el reino del norte. Este último, bajo un nuevo mandato, se propuso entre sus primeros objetivos, restablecer las relaciones de paz con su eterno enemigo y rápidamente, comenzaron a enviarse misivas para tal fin. Aceptadas, se procedió con el acercamiento de una delegación norteña a la tumultuosa capital. Después de álgidas negociaciones que permitieron acordar un resarcimiento razonable, la firma de múltiples acuerdos selló la calma entre los interesados. Todo, ejecutado en un paréntesis de tiempo casi récord.
El florecimiento del intercambio comercial no se hizo esperar. Mei, conocedora de las ventajas de la anticipación, comentó a un silencioso escucha, la intención de enviar a su mejor comprador, en búsqueda de nuevas telas y especias exóticas. Li, nostálgico del encanto del camino, se ofreció como acompañante del negociador. Agregó para su beneficio, poseer conocimientos de la lengua del lugar y el poder oficiar de traductor, si era requerido. Mei intentó, mediante débiles objeciones, disuadir a su pareja de un inevitable alejamiento. La partida se acordó en tres semanas. Los hijos de la mujer, ambos militares, se encontraban destacados en la región por donde ingresaría la comitiva comercial al territorio limítrofe. Ambos vástagos, previo al traslado y visitando a su madre, terminaron conocieron al general, que tantos elogios recibía en la fuerza.
Tal cual lo provisto, se inició la travesía, recorriendo las calles que conducían a la carretera, orientada hacia el norte. Formaban parte del grupo, Li, el comprador de nombre Tse, Chao y otros siete acompañantes que incluían un cocinero, un médico, un herrero y los restantes, a cargo de tres carros. Se previó un viaje completo de seis meses de duración y un retorno a la capital imperial, con la llegada del invierno.
La ida consumió prácticamente, las primeras nueve semanas. Li, que había transitado esa ruta en distintas oportunidades, no dejaba de sorprenderse por el progreso en las poblaciones y el mayor volumen de tránsito, en un camino con notables mejoras. La seguridad estaba reforzada con el continuo desplazamiento de tropas regulares y la presencia de milicias en los asentamientos con más habitantes, actuando como agentes del orden.
El traspaso fronterizo se realizó en un sitio que originalmente permitía el paso de animales de carga, ordenados en fila. Actualmente, podía ser recorrido por un vehículo sin mayores dificultades. Los militares custodiaban el movimiento desde y hacia el imperio, extendiendo un salvoconducto durante el pasaje. A partir de allí, se sumó el hijo más joven de Mei, quién los acompañó durante la estadía en el reino. Lo hizo para complacer el pedido - orden de su madre, presente en una misiva que le entregara Li a su arribo. Su progenitora, además, conocía al superior a cargo del escuadrón fronterizo y para éste, también, hubo una carta.
Después de quince días, arribaron a la ciudad más importante del sur y para sorpresa de Li, Tse se comunicaba de manera fluida con los locales. El comerciante comentó que su madre era oriunda de aquí y siendo adolescente, conoció a su padre, que había huido del imperio, evitando una pelea con posible desenlace fatal. Casados, retornaron cuando las condiciones fueron propicias y tiempo después, se produjo su nacimiento.
Transcurrida la primer semana y los primeros contactos comerciales, se trasladaron a la capital. Nuevos lazos de intercambio, inicio de las compras y retorno al primer destino. Las últimas adquisiciones terminaron de llenar los transportes y se estableció una agenda de visitas de los actuales proveedores a la ciudad imperial.
El regreso, como era de esperar, transcurrió a un ritmo menor y con los inconvenientes de siempre, incrementados por la carga de mercadería. Roturas en los carros, lesiones en los caballos y traumatismos varios en los viajeros, fueron ejemplos de ello. La nota de color la dio el frustrado ataque de un grupo de maleantes. Esperando despojar a un presa fácil, terminaron cosechando una buena pateadura a cargo de Li y secundado por Chao, quién, a pesar de contar con un solo brazo, gozaba de una envidiable destreza física.
Los brazos de Mei recibieron a un fatigado y sonriente Li, con los primeros copos de nieve cayendo en la región.