jueves, 6 de febrero de 2025

 

李 (Li) II

Parte I

El general había concluido con los movimientos de taichí y sentado en un banco del parque, contemplaba la abundancia de colores. Éstos simulaban una mayor exuberancia, producto del contraste contra un cielo despejado. Una leve brisa trasladaba sutiles aromas naturales. La quietud fue interrumpida por el bullicio de un grupo de pequeños que recién arribados, comenzaron con variados juegos, aprovechando el espacio disponible. Li, cautivado por el cuadro, se vio a sí mismo en esa edad, al lado de su madre y observando a su progenitor, que luego de saludar con un brazo en alto, proseguía, enterrado en el fango, con la siembra del arroz.

Se dejó arrastrar por el carrusel de los recuerdos y momentos de su historia personal, no cesaban de proyectarse. Se sorprendió con el nivel de detalles que recordaba a la modesta vivienda donde transcurrió su niñez y gran parte de la adolescencia. Único hijo de una familia de agricultores, asentada en una provincia remota, tuvo una infancia sin mayores sobresaltos. El terrateniente al que pertenecían las tierras donde habitaban, no era demasiado ambicioso y esto permitía una mayor disponibilidad de recursos para quienes ejecutaban las labores. Curiosamente, ambos padres tenían cierto dominio de la lectoescritura y siendo apenas un crío, Li recibió conocimientos y habilidades que le resultarían provechosas con el tiempo. En los albores de la adolescencia, comenzó a acompañar a su padre en las tareas de campo pero su real ambición era lo militar. Cuando las tropas al servicio del señor visitaban los campos, acompañando a los recaudadores de impuestos por ejemplo, el joven Li detenía sus quehaceres y observaba con atención los atuendos de los uniformados, la disposición de las armas, la calidad de sus movimientos, etc. Esto terminó por definir sus intereses y actuó según ellos. Comenzó por realizar ejercicios que le permitieran salir del entumecimiento provocado por las monótonas actividades agrícolas. Cuando concluía las tareas y no experimentaba un cansancio atroz, realizaba toda clase de desplazamientos intuitivos, buscando mayor coordinación y destreza.

La oportunidad de concretar su sueño llegó una mañana, mientras acompañaba a sus padres, en una de las esporádicas visitas al mercado. Un oficial y dos soldados pertenecientes a las tropas regulares del imperio, se hicieron presentes. En medio del silencio generalizado, un subalterno pregonó sobre la posibilidad de incorporarse a las filas. Panfletos con los requisitos exigidos, terminaron fijados a los palos de un puesto callejero, próximo a Li y su familia. El oficial concluyó el encuentro, exclamando que permanecerían allí hasta la próxima jornada. Si alguien sentía interés y cumplía con lo solicitado, podría inscribirse en la mañana y unos días más tarde, sería retirado. Alejados, varios curiosos se acercaron a las notas. Instantes después, la mayoría se había retirado, desmotivada, al ignorar lo expresado. Li, en cambio, supo de qué trataban.

Encajaba con las condiciones requeridas y de vuelta en el hogar, manifestó sus deseos de querer formar parte de la milicia. Si sus padres estaba de acuerdo, lo intentaría. La respuesta de los progenitores no se hizo esperar. Tras una cena frugal, el endurecido jornalero tomó la palabra, señalando que aceptaban la decisión de quién sería un consagrado general. Consideraban que allí no existía un futuro muy diferente al propio. Su madre permaneció callada en todo momento. Finas lágrimas le recorrían las mejillas. 

Al día siguiente, un Li sacudido por las emociones, firmó la petición de ingreso. A la semana siguiente, fue recogido y trasladado al cuartel donde comenzó su instrucción. Fue el inicio de una brillante carrera. Parco en sus hábitos, destinó siempre una parte de sus ingresos al bienestar familiar. Realizó todas las visitas posibles y los acompañó hasta el final.

Una seguidilla de parpadeos, acompañados de movimientos de la cabeza, lo trajo de vuelta a la realidad. El parque y el ruidoso grupo seguían allí. Décadas de vida fueron recorridas en pocos segundos. Sintió sus pies descansando en el suelo y esbozando una sonrisa, se irguió para emprender, el camino de retorno.