jueves, 28 de noviembre de 2024

 

Partisano

Ratas

Las ratas están y se mueven, pero no siempre es fácil detectarlas. En la jerga militar y de la resistencia, ese apodo identifica a los traidores. Cuando se logra ponerlas en la mira, son eliminadas como vulgares animalejos, en especial si se trata de individuos nacionales. Los daños que provocan y la urgencia, producto de los tiempos actuales, obligan a saltearse ciertos acuerdos y leyes que hablan de detenciones, juicios y sentencias, cuando son atrapadas. La muerte de sus custodias y posterior voladura de un depósito clandestino de municiones, hablan a las claras que una o varias han vuelto a las andadas. Su activación probablemente tenga que ver con el último suceso que golpeó de mala manera a la infraestructura enemiga. Allí, Pier y su grupo, tuvieron activa participación. 

La instalación de un puesto de avanzada de los contrarios en un recodo del río, complicaba de muy mala manera su circulación. Aprovechando una enorme proyección rocosa que avanzaba más allá de la orilla y culminaba sobre las aguas, formando una especie de bahía, se distribuyeron una importante cantidad armamento pesado en las alturas y por lo bajo, embarcaciones fuertemente artilladas, al resguardo del accidente natural. Varios navegantes pagaron con sus vidas o salieron maltrechos del desafortunado encuentro. Los intentos de destrucción a cargo de la artillería resultaban vanos a esa distancia y por el momento, contar con apoyo aéreo era impensable, mérito de la fiereza con la que se luchaba en el frente principal. 

Se ideó un plan bastante temerario para poner fin a la pesadilla. Se trataba de un ataque coordinado hacia ambas instalaciones. Un grupo de militares iniciaría la agresión a los nidos de ametralladoras y morteros. Aprovechando el revuelo, una embarcación cargada de explosivos, la emprendería sobre las contrapartes enemigas. A cierta distancia y rogando que ningún proyectil impacte contra las cargas a bordo, ambos conductores se lanzarían al agua. Un dispositivo de retardo daría el tiempo suficiente para que los nadadores se alejen y permitiría la detonación donde se esperaba. Pier estaría entre los intrépidos. Si se lograba el daño previsto, una segunda embarcación, cargada esta vez con partisanos, se aproximaría a la orilla y éstos, ascendiendo a través de la pared rocosa, atacarían desde abajo. Todo se haría durante las últimas horas de sol, aprovechando el entorpecimiento de la visibilidad de los contrarios. 

Finalmente, la destrucción pretendida pudo alcanzarse pero a un costo tan elevado de heridos y bajas, que impidió todo festejo. El carpintero, incluso, tuvo que socorrer a su compañero, semiahogado y arrastrado por la correntada para luego lidiar con una persistente congestión pulmonar, producto de la prolongada estadía en las frías y revueltas aguas, provenientes del deshielo de las altas cumbres distantes. 

Como todas las ratas, éstas también pueden ser capturadas mediante trampas y el cebo adecuado. Es muy importante tratar de asegurar que la víctima no caiga fatalmente de entrada sino que emprenda una supuesta huida, hasta alcanzar la madriguera. Si esto tiene lugar, el premio es el máximo pues permite desarticular toda la red y no anular tan solo, a uno o pocos componentes. 

El último sabotaje sufrido, permitía suponer que se trataba de alguien con el rango suficiente para acceder a información sensible. La filtración de datos en la compacta cadena de transmisión, al menos por el momento, estaba descartada. La estrategia a seguir, fue planeada por un muy acotado grupo de partisanos y militares. 

La información, de carácter reservado, hablaba de un convoy cargado de municiones y otros suministros, dirigiéndose por una vía alternativa, hacia las baterías de defensa. En realidad, iría repleto de tropas y el camino elegido para su desplazamiento, facilitaba una rápida respuesta en caso de agresión. Se esperaba que la misma se produjera en una de las dos localizaciones que posibilitaban el factor sorpresa. Elementos de la resistencia, ocultos de manera previa en ambos puntos, detectarían a tiempo la llegada de los traidores. 

Con el convoy aproximándose a la ubicación del boicot, los partisanos iniciaron una nutrida cantidad de disparos sobre el enemigo, que aguardaba a los camiones en uno de los enclaves previstos. Un segundo grupo de descargas, proveniente de los vehículos, terminó ahogando a las ratas. Contenidas entre dos fuegos, comenzaron a sufrir pérdidas a gran velocidad. Instantes después y en notable desventaja, parte de los sobreviviente se rendían sin condiciones y los restantes, emprendían la fuga. Entre vivos y muertos, se pudieron identificar a un oficial y un sargento. Como sorpresa desagradable para los miembros de la resistencia, dos de su grupo también estaban entre los caídos y apresados. 

Los que huyeron, de manera desordenada, fueron seguidos a distancia por una minúscula célula de compatriotas. Identificado el sitio de procedencia y con el apoyo de refuerzos, neutralizaron de manera completa la operatoria. 

Los pasos siguientes fueron simples y de rápida ejecución. Pelotón de fusilamiento y un breve informe donde se daba cuenta de todos los fallecidos como producto de otro enfrentamiento con el enemigo. Un nido de ratas menos, con qué lidiar.