sábado, 7 de octubre de 2023


El inmigrante - parte IV

Los primeros días del trayecto transcurrieron sin mayores novedades. Al ruido de los carros se sumaba el resoplido casual de algún caballo, el parloteo a los tirones entre dos culturas idiomáticas distantes queriendo comunicarse y las canciones silbadas o acompañadas por una armónica durante el movimiento. En los fogones podían oírse guitarras y violines ejecutados hábilmente. El desplazamiento se iniciaba con las primeras horas de luz, se detenía para almorzar y dar un descanso a las bestias y continuaba hasta la caída del sol, donde se armaba el campamento. A la cena colectiva continuaba un reparador descanso. La duración promedio del recorrido era de cuarenta días.

Gareth había notado un cambio en el comportamiento de los experimentados conductores. Las miradas iban y venían, las observaciones hacia la inmensidad eran más frecuentes y minuciosas. Por lo bajo se lo comentó a Anwyn, quien también se había percatado de ello. Momentos después, el galés le preguntó a Juan, conductor y dueño del carro, si ocurría algo y recibió por respuesta un movimiento vago de su cabeza y silencio al respecto. A la noche y al calor del fogón, se develó el misterio. Habían comenzado a transitar la zona insegura del camino y podían ser atacados en cualquier momento. Esa extensa región era de frontera y allí podían moverse sin mayores dificultades quienes estaban al margen de ley. Solo volverían a estar seguros en las proximidades del asiento cordillerano. A partir de la próxima noche, las guardias nocturnas se tenían que reforzar y los caballos serían maneados en sus patas delanteras para evitar la fuga en caso de agresión. No se encendería el fuego y se comería el sobrante frío del almuerzo o la merienda. Las necesidades corporales tendrían que postergarse hasta el amanecer y en caso de urgencia, no encender nada ni ganar demasiada distancia. Durante el tránsito, todos tenían que estar más atentos a señales como polvareda o humo, reflejos de luz, sonidos y movimientos no habituales en el paisaje. Nadie se manejaría solo o avisaría hacia donde iba en caso de alejamiento. Factor aparte eran los pumas, que podían ser atraídos por las cabalgaduras o los animales de tiro.

 A la mañana siguiente, uno de los cajones identificado para el transporte de herramientas fue abierto y un verdadero arsenal se puso en exhibición. Se repartieron las armas largas entre los varones y las cortas entre las mujeres. Algunas sesiones de tiro despejaron las dudas sobre el manejo, aunque no mejoró demasiado la puntería promedio. El temido ataque se produjo una noche durante la semana siguiente y la suerte corrió a favor de la caravana. En plena oscuridad, el sonido de una rama quebrándose fue respondido con un escopetazo desde el campamento. Un disparo desde el terreno rozó la oreja del vigilante, quien fijando la dirección por el fogonazo gatilló al instante y esta vez, se escuchó un alarido. Momentos después, furia y adrenalina se enfrentaron con un nutrido fuego cruzado que solo se detuvo cuando desde los carros, advirtieron que no recibían contraparte. Las primeras luces del día permitieron comprobar el saldo de dos malvivientes muertos, por los menos dos más con heridas debido a los rastros de sangre y otro que se retiró ayudando a un compañero, por la proximidad entre las huellas. Los muertos recibieron cristiana sepultura. En los viajeros solo hubo dos heridos, cortes y golpes por doquier, aunque nada complicado.

 Dos días más tarde, el grupo fue alcanzado por varios jinetes integrados por fuerzas del orden y un indígena baqueano que andaban tras el rastro de los forajidos. Después de escuchar los relatos, partieron en busca de los sobrevivientes. El tiempo restante transcurrió sin incidentes. Una mediatarde pudieron observarse cumbres nevadas poblando el horizonte y el ánimo general cambió por completo. Gritos, silbidos y hasta aplausos rompieron con la monotonía del entorno. Anwyn y Gareth capitalizaron su alegría en un prolongado beso.

 Progresivamente la cordillera se iba mostrando en todo su esplendor. Cuando el peligro de agresión pasó a ser cosa del pasado, las armas prestadas volvieron a su sitio. Cuarenta y dos días después del inicio, la caravana se detuvo frente al grupo de casas que constituían la colonia galesa de montaña. Aunque había que confirmarlo, Gareth sentía que ese era su lugar en el mundo. El corazón se lo había expresado y él jamás dejaba de escucharlo. 

 


domingo, 1 de octubre de 2023


El duende - V 

Tomillo se encontraba de pie junto a la ventana, tazón en mano con su bebida de desayuno humeante, contemplando la bendición en forma de gotas que no para de caer desde hace días. La lluvia para el bosque es sinónimo de Vida. Cuando el buen sol se instala, el agua retenida en el suelo hace su magia y la floresta estalla en magnificencia. Es posible escuchar los cánticos de alabanza de sus compañeros y si se afina la audición, una letanía más susceptible también flota en el ambiente. Es la madre tierra en su conjunto agradeciendo por el regalo.

El ciclo de sequía prolongada parece haber llegado a su fin. Los colores opacos, la escasez de frutos, los suelos cubiertos de polvo quedarán atrás por un tiempo. Uno de los cuidados a tener en estos momentos de aguaceros prolongados es la posible caída de uno de los gigantes que forman el dosel. Esta especie presenta enormes raíces superficiales y debido al aflojamiento de la masa terrosa, basta un poco de viento para que puedan tumbarse. No es raro escuchar en estos momentos el sonido equivalente a una enorme rajadura y a continuación el estruendo del impacto de la mole contra el suelo. También sus escasas ramas ubicadas a gran altura son un problema cuando los frecuentes vientos de la región alcanzan cierta intensidad. Más de uno, sea duende, animal o humano, ha pasado por la experiencia de un desprendimiento que aterrizó en cercanías o sobre la víctima, dejando variadas consecuencias.

 El riesgo de incendio provocado por un rayo es ahora inexistente. Recuerdos lamentables se hacen presentes cuando siendo apenas un crío, Tomillo fue testigo presencial del escenario tenebroso generado por las llamas. La sequía estival era particularmente agresiva debido a las altas temperaturas continuas, las nulas precipitaciones y por ende, la escasísima humedad ambiente. Bastó una descarga eléctrica de una nube errante para que se desate el infierno. Poco pudieron hacer los duendes frente a las grandes cantidades de calor y humo que rápidamente inundaron el lugar. El sonido era aterrador. El tiempo apenas bastó para buscar refugio y rogar que alcance para estar a salvo. Por desgracia, dos no lo consiguieron. Uno de ellos era el único hermano de su madre. Desde entonces, el ánimo de Carqueja no fue el mismo.

 Una de las ventajas, si es que puede considerarse como tal, de la represa ubicada aguas arriba, es que regula el caudal del cercano río y evita las crecidas abruptas producto de precipitaciones intensas. Esto reduce el riesgo de erosión de las blandas orillas. Hace un tiempo, cuando todavía el dique estaba en construcción y las aguas descendían torrentosas, un humano que se acercó demasiado, sea por imprudencia o negligencia, cayó y fue arrastrado una gran distancia, lo que provocó su deceso. La enorme cantidad de partes arbóreas que tapizan el fondo de la corriente, dan muestra del riesgo que generan los vientos y el desprendimiento en bloque de las riberas. Todo lo anterior no minimiza el mágico encanto de sus transparentes y frías aguas escurriendo hacia los espectaculares lagos patagónicos. Mientras recuerda e imagina, Tomillo da un generoso sorbo y vuelve a hacerse presente, observando ahora el impacto del agua nieve contra los cristales de la robusta ventana.

 A media mañana la intensidad comenzó a menguar y para el mediodía, había cesado totalmente. Los nubarrones comenzaban a esparcirse empujados por el viento y los primeros rayos de sol hacían su aparición. Un espléndido arcoíris se dibujó repentinamente y un duende, olla en mano con simuladas monedas de oro en su interior y un pequeño pico, fingió salir a la carrera hacia donde el arco aparentaba tocar tierra. El acto fue celebrado con una carcajada colectiva, silbidos y aplausos de aprobación.

 De a poco, los vecinos retomaron sus tareas. Carqueja y su pequeño compañero comenzaron a ingresar los diversos recipientes que contenían agua de precipitación. Lo mismo hacían las duendes adultas de diversas familias. Para Tomillo, el agua es siempre la misma, pero para quienes recogen la pluvial, sus propiedades cambian. Y esto es aprovechado, sea para fines medicinas o para lavarse el cabello, entre otros.

 El bosque está revitalizado y su pulso se percibe con gran energía. Los duendes, que habitan en permanente simbiosis con el entorno, lo perciben y vibran en la misma frecuencia.